jueves, 27 de septiembre de 2012

Descubriendo mis ancestros - CAPITULO II



CAPITULO II
CÓMO EN MEDIO DE UNA IMPERDONABLE EMBRIAGUEZ SE ALCANZA A AVIZORAR EL PRIMER ATISBO DEL MITO FAMILIAR Y LO QUE DESPUES SUCEDIO
Uno de mis hermanos canta con notable suceso en un coro vasco. Hace unos años ya, para el aniversario de vaya a saber qué hito de la inmigración vasca en la Argentina, me invitó a participar en los festejos que incluían una atronadora tamburrada[1] más una exposición de fotos, cartas y otros archivos que testimoniaban la vida de tan esforzados hijos de Euzkadi[2]  en esta margen del Plata.

Ataviado con mi txapela[3] Elosegui original, adquirida personalmente en Casa Basarte de Donostia[4], disfruté de los cantos corales y luego del retumbar de bombos y tambores; admiré los aizkolaris[5] y los contendientes de sokatira[6] mientras degustaba pintxos[7]; piquillos[8]; txipirones[9], kokotxas[10] y otras delicias típicas. Y por supuesto, bebí como correspondía a la ocasión, sobre todo de ese vicio que conservaba desde mi estancia en Navarra, el patxaran[11]. Producto del trago, se me fueron liberando los frenos inhibitorios y me puse a alardear con absoluta impunidad sobre mis fementidos orígenes vascos, yo que soy incapaz de decir siquiera buenos días en Euskera[12].

Entre mi asombrado y un tanto escéptico auditorio, se encontraba el curador de la muestra, el preclaro profesor e investigador argentino Iñaki Uribarri (1939) quien, en lugar de desenmascarar mi osado embuste, me escuchaba atentamente como quien va buscando un recuerdo extraviado.

Cuando terminé mi relato, plagado de fieros indios, donosas damas criollas y bravos conquistadores "miembros de mi familia paterna", me tomó del brazo y casi con gesto cómplice me dijo: - Venga mi joven amigo, creo que aquí hay algo que le interesará cotejar - y me llevó hacia una vitrina donde se exhibía, lo que entendí, se trataba de una antiquísima carta del clérigo Martín del Barco Centenera (1544-1605), capellán de Juan de Garay, dirigida al Tercer Adelantado del Río de la Plata, don Juan Ortiz de Zárate (1521-1576), atribulado Adelantado que como vasco que era, otorgó a estas tierras el nombre de Nueva Vizcaya, nominación que sin embargo no lo sobrevivió.

Junto con frases que luego formarían parte de su celebérrimo poema épico[13], en el ejemplar de carta ológrafa podía leerse: "Haré con vuestra ayuda este cuaderno, del Argentino Reino recontando diversas aventuras y extrañezas, prodigios, hambres, guerras y proezas".

No pude dejar de notar que ya aplicaba el adjetivo, que luego se volvió país y gentilicio, a los mancebos de la tierra que fundaron Santa Fe "los argentinos mozos han probado allí su fuerza brava y rigurosa, poblando con soberbia y fuerte mano la propia tierra y sitio del pagano".


Sin embargo y más allá de la referencia santafesina, seguramente la graduación alcohólica del patxaran hacía que no acertara encontrar aquello que particularmente pudiera concitar mi interés genealógico.

Advirtiendo mi desorientación y sonriendo por mi evidente desconocimiento del vascuence, me guió hacia el siguiente fragmento: " ... que luego mandó a un esforzado capitán, que se decía el Eurikoegile, que fuese con unos cuantos soldados, y entre ellos, los más ballesteros y escopeteros y algunos de a caballo, y como partió el Eurikoegile de la manera que le fue mandado, no hubo bien llegado a la mitad del río de la Quiloazas cuando le salen en unas canoas tantos escuadrones de feroces Mocovíes con todo género de armas y les dieron tan grandes combates, que le mataron a las primeras arremetidas cuatro soldados ..."

Frente a mi evidente ignorancia dio un par de golpecitos con el dedo en el vidrio, pronunciando dos veces la palabra Eurikoegile para agregar: - La fonética no es del todo correcta, pero claramente se está refiriendo al ancestro suyo ese que anda buscando, el vasco Hacedor de Lluvias[14].

El sopor etílico me abandonó rápidamente. ¿De qué me estaba hablando este insigne profesor? ¿Acaso se estaba burlando de mis irrespetuosas pretensiones filiales? ¿Era la correlativa mofa a mi zumbona ignorancia lingüística? ¿Era este acaso, el ancestro que venía a reclamar su paternidad desde la memoria de los tiempos? ¿Podía tal revelación ayudarme a desentrañar el enigma de la marca que nos avergonzaba?

Mientras otros festivos concurrentes lo apartaban para mostrarle no sé qué primores gastronómicos, alcanzó a darme una tarjeta y anotó el número de teléfono de un amigo suyo que había trabajado -me dijo con circunspecta gravedad- en el Archivo General de Indias y que ahora se dedicaba a librero. - Llámelo - fue lo último que le escuché decir a manera de despedida, mientras se sumergía en medio de la ensordecedora bullanga.

No sólo me estaba por adentrar en los laberintos de la mítica Ciudad de los Césares, la Sierras de la Plata, las Tierras del Rey Blanco, El Dorado, la Fuente de Juvencia, el País de las Amazonas, las islas de Tarsis y Ofir y tantos otros desatinos pagados con sangre bravía, sino que me iba a ser dado conocer, finalmente, el origen de mi estirpe y de la seña que desde entonces pesadamente cargamos.

Pero para eso faltaba tiempo aún.






[1] Parada a tambor batiente.
[2] País Vasco.
[3] Boina vasca.
[4] San Sebastián, capital de la provincia de Guipuzkoa.
[5] Hachadores.
[6] Tirar la soga.
[7] Pincho, porción de comida tomada como aperitivo, que a veces se atraviesa con un palillo.
[8] Variedad de pimiento caracterizada por tener la punta encorvada y el sabor algo picante.
[9] Chipirones, calamares de tamaño pequeño.
[10] Cada una de las protuberancias carnosas que existen en la parte baja de la cabeza de la merluza y del bacalao.
[11] Licor obtenido por maceración de endrinas en aguardiente anisado, con más de 20º de graduación alcohólica.
[12] Lengua vasca.
[13] Del Barco Centenera, Martín. La Argentina y Conquista del Río de la Plata (Lisboa, 1602).
[14] Posiblemente de Euri = lluvia; Ko = de y Egin = hacer, en vascuence.