jueves, 15 de noviembre de 2012

Descubriendo mis ancestros - CAPITULO IX





CAPITULO IX

DE LA PROVIDENCIAL EPIFANIA DE UN JOVEN CAPITAN Y LO QUE LUEGO PASO

Pero esto no siempre fue así y no pocas batallas tuvieron lugar, destacándose la valentía de un capitán que sería padre de una grandiosa descendencia.


"La segunda noche, durante la primera vela, vinieron sobre nosotros gran cantidad de indios manguera, acometiéndonos de una parte, con tan gran ímpetu y alarido, que parecían hundir la tierra y comenzaron a pelear de tal manera que, prometo por mi fe que ha veinticinco años que sirvo a Vtra. Mgd. y he peleado con muchas naciones, y nunca tal tesón de gentes he visto jamás en pelear como estos indios tuvieron contra nosotros. Y ya creíamos que perecíamos en la jornada cuando aconteció que un joven capitán montado en su yegua blanca con una bandera blanquísima cargó con su lanza contra los salvajes, al tiempo que se desataba un huracán de lluvia que duró siete días, anegando sus tiendas y ranchos. Todo esto que digo lo vi certificadamente y lo juro, amén".
Entre los indios, el espanto que les causó esa aparición providencial y el estrago que provocó el oportuno meteoro, fue objeto de tradiciones verbales que nuestro cronista acierta en recoger.
"Que estando tan apartados de Castilla, ni tener otro socorro ninguno, salvo el de Nuestro Señor Jesucristo, que es el socorro y ayuda verdadera, nos envío el providencial auxilio del joven capitán que como el Apóstol Señor Sant Iago nos evitó una segura muerte, pacificando definitivamente a los indios manguera que desde entonces tienen un cantar o romance: Vino el que Hace llover / Montando en un venado blanco / Y cayó una gran lluvia del cielo/ Causando gran estrago/ El carancho[1] les extrajo los ojos, / Vino la ñacaniná![2] y batió los huesos, / Les cortó la cabeza / Vino el yaguareté![3], se los comió / Hizo astillas sus huesos y médula /Para escarmiento de ellos porque no sirvieron / Delante de la Madre Tierra / Por ellos oscureció la faz de la tierra / Y comenzó un gran aguacero negro, / De día, de noche, pereciendo todos los guerreros.
Esa fue la última batalla de pacificación que tuvo lugar en suelo santafesino entre los españoles y los mancebos de la tierra; contra los feroces indios manguera, que como señal de reconciliación se presentaron en la ciudad ofreciendo sus hijas en prenda de paz.
"Y terminadas las torrenciales lluvias que los convencieron de temer a Dios y sus servidores, después de hecho su acato, como lo tenían de costumbre, se allegó el cacique Mbq'manguer y dijo: Muchas veces te hemos enviado a rogar que nos perdones porque salimos de guerra y para que más claramente conozcáis el bien que os queremos y deseamos en todo contentaros, nosotros os queremos dar nuestras hijas para que sean vuestras mujeres y hagáis generación, porque queremos teneros por hermanos, pues sois tan buenos y esforzados como ese Hacedor de Lluvias. A lo que el Capitán Garay respondió que él, el Eurikoegile y nosotros se lo teníamos por merced y que en buenas obras se lo pagaríamos, y que las recibía y tomaba por suyas y que ahora al presente que las tuviesen en su poder sus padres porque quiere hacer primero lo que manda Dios nuestro señor, y a lo que le envió el rey nuestro señor y les habló de otras muchas cosas tocantes a la santa religión y luego el padre de San Francisco dijo misa y se bautizaron aquellas cacicas".
Hubo mucha alegría en la ciudad y se organizaron festejos y encierros para celebrar el ansiado fin de las hostilidades.
"Aquella noche estaba dispuesto el baile y el regocijo que acostumbraban en sus cavas y en el trabajo de sus sementeras. Después de haber cenado espléndidamente nos fuimos al fogón donde el baile había principiado, los caciques viejos conmigo, quienes rogaron al capitán Eurikoegile que bailase con ellos. Lo hizo para darles el gusto y en medio del entretenimiento, mi nuevo amigo el cacique Mbq' manguer tomó de la mano a su hija que estaba entre las demás bailando, y la trajo acompañada con las otras a donde nosotros estábamos diciéndole que se tomara de la mano y bailase con el joven capitán, porque ya tenía edad para mujer y de esta suerte ellos suelen casarse en estas fiestas y bailes y con gran pompa dijo: Hacedor de Lluvia aquí te entrego mi hija para que hagáis con ella tu voluntad y tengas tu solaz y deleite ahora que la habéis hecho hija del Dios ese vuestro y de esa gran señora que son muy buenos. Y a partir de ese día, la hija del cacique vivió con el joven capitán a quien Garay le puso casa en el ejido de la ciudad; una chacra en tierras de pan llevar[4] y una estancia en la margen derecha del Paraná, para reproducción del ganado. Y tuvieron muchos hijos y aunque la cacica se gloriaba de que Dios le había hecho mucha merced de quitarla de adorar ídolos ahora y ser cristiana y tener muchos hijos varones de su amo y señor, se curaba bien de observar que todos ellos llevaran la señal que los identificaba como simiente de los manguera".
© Pablo Martínez Burkett, 2005


[1] Polyborus plancus. Su presencia es familiar en la región. Fácilmente reconocible por su andar semierguido sobre el suelo, su negro capuchón eréctil, su pecho y lomo rayados de blanco y gris y una membrana llamada cera, que le cubre la base del pico y parte de la cara de color amarillo o naranja. Es un ave preferentemente de llanura, y se la encuentra especialmente en lugares abiertos pero con árboles donde encaramarse, anidar y protegerse de las inclemencias climáticas. También aparece en bosques no muy cerrados, orillas de lagunas, ríos y mares, y se adapta a los rigores de las frías regiones australes. Como todas las aves rapaces cuenta con patas largas, terminadas en poderosas uñas. A diferencia de los halcones, son falcónidos de hábitos carroñeros, semejantes a los de los buitres.
[2] Hydrodynastes gigas. Halla su ámbito natural en las zonas de pantanos, lagunas, bañados y arroyos. Se alimenta de presas vivas, consume principalmente roedores peces y anfibios en concordancia con su hábitat. En su búsqueda de alimento, estas culebras de hábitos diurnos inspeccionan el medio con la lengua en busca de presas. Una vez localizadas tiene dos modos de atraparlas, si es pequeña simplemente la muerde y comienza a tragarla entera; si su tamaño es mayor, la apresan con los anillos al tiempo que la muerden; incluso, si la resistencia es muy grande, pueden introducirse en el agua para ahogarla.
[3] Leo onca. Otros nombres vulgares: Jaguar. Tigre. Tigre americano. Overo. Tigre overo. Nahuel. Uturunco. Este mamífero carnívoro, tiene el cuerpo robusto y musculoso. El cuello es corto y la cola es larga. Mide entre 1,60 a 1,80 mts. de largo (cuerpo y cabeza), y unos 70 a 80 cm., la cola. La altura es de 75-80 cm. El pelaje es amarillo rojizo, excepto en el interior de las orejas, la garganta, los flancos y las partes ventrales que son más claras. Todo el cuerpo presenta manchas negras, redondeadas, alargadas o rayas irregulares. Se pueden encontrar ejemplares melánicos (con pelaje negro) y raramente albinos (con pelaje blanco). La cabeza es grande y ancha, con orejas redondeadas y pequeñas. Las patas son cortas. Presentan cinco dedos en los miembros anteriores y cuatro en los posteriores, todos con uñas curvadas.
[4] Recibían este nombre por resultar tierras en las zonas más altas y fértiles del albardón costero dedicadas al cultivo de los cereales, especialmente el trigo para la elaboración del pan.




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