jueves, 8 de noviembre de 2012

Descubriendo mis ancestros - CAPITULO VIII



CAPITULO VIII
DE OTRAS MARAVILLAS DE LOS INDIOS LLAMADOS MANGUERA Y SUS COSTUMBRES
Con una verdadera sensibilidad antropológica, sigue nuestro adelantado informando a su rey sobre las costumbres y manera de vivir de estos indios que pronto empieza a identificar por el nombre de su cacique, sabida es la tendencia que tenían los españoles de simplificar los nombres autóctonos.
"El general Garay tomó a un indio manguera que algo entendía y le preguntó si estas mujeres parían, él dijo que sí y el general dijo que cómo se preñaban. El indio respondió que estas mugeres están con hombres que tienen parte con ellas durante la festividad que llaman de las Sonrisas Perennes".
Siguiendo con una llamativa exhibición de humanismo para la época y circunstancia, el privilegiado relator regio ofrece una disvaliosa referencia al tratamiento que los españoles otorgaban a los indios y las apetencias que el placer de su posesión les provocaba.
"E siendo estos indios manguera tan fieros y tan bravos, bien se deja ver el sentimiento adverso que suscitaban las muchas veces les quitaban sus mujeres para usar mal de ellas porque ninguna felicidad les hacían, añadíase a esto el hambre que las señoras españolas tienen de chinas, que así llaman a las indias de servicio y por mostrar aparador dellas en el estrado y llevar a la yglesia aparato de acompañamiento, les quitaban a los indios de sus encomiendas las hijas y los vecinos, los hijos, para pajes. También causaba gran alboroto entre las doncellas pero no menos que en las damas principales el largor de tan indómitos hijos de la tierra, poniendo gran empeño el padre cura y las beatas[1] en prevenirlas de trabar relación con ellos. Sin embargo, era fama que en la feroz canícula santafesina, cuando las niñas acudían a obtener alivio en las marrones aguas del río de la Quiloazas, se regocijaban descubriendo en la arena el trazo dejado por algún miembro de la tribu".
Si bien es cierto que en aquellos duros años fundacionales, merced a la incansable labor apostólica de los frailes franciscanos se fue logrando una más que estrecha convivencia con los salvajes, no es menos cierto que la tarea de confraternización fue encabezada con notable suceso por las Damas de la Caridad quienes, poniendo en riesgo de su propia integridad física y aún vida, se arrojaban en las tolderías y ranchadas.

© Pablo Martínez Burkett, 2005




[1] Mujeres consagradas a la vida religiosa, que actuaban mayormente como amas de crianza y educadoras.