jueves, 22 de noviembre de 2012

Descubriendo mis ancestros - CAPITULO X




CAPITULO X
DE LA VIDA ULTERIOR DEL AFAMADO CAPITAN Y EL FIN DE SUS DÍAS EN ESTAS PROVINCIAS DEL SUD
Mientras prosperaba en haciendas y fructificaba en hijos, el joven capitán proseguía su floreciente carrera en las filas del noble vizcaíno, prestando importantes servicios a la corona. Sin embargo, pronto llegaría el momento en que habría de perderse en la noche de la historia.
"Aplacada aquella revuelta que fue un deservicio de Dios y una ignominia y afrenta a la nación española[1], la ciudad se fue llenando de personas reales, de sacerdotes, de caballeros, de justicias, de oficiales, de facinerosos, ladrones, rufianes y vagamundos. Y Garay partió con doce soldados escogidos comandados por el valiente capitán Eurikoegile, para dar asistencia al extremeño Alonso de Sotomayor que enfrentaba harto dificultades para llegar a Santiago de Chile a tomar posesión de la Gobernación. Y se ofreció a acompañar a uno de los hermanos de Sotomayor y a uno de los soldados le paresció que como estaban muy de paz no había menester tanta guardia ni estar tan recatados como solían. Pero el joven capitán dijo: Mirad señores, bien veo lo que decís, mas por la buena costumbre que hemos de estar apercibidos, no habemos de creer en su paz sino como si nos quisiesen dar guerra y los viésemos venir a encontrar con nosotros; que muchos capitanes por se confiar y descuidar fueron desbaratados, especialmente nosotros, como somos tan pocos, debemos estar atentos con nuestros velas y guardias, que aunque sean muy mansos nuestros indios mangueras recordad que estamos en tierras extrañas, donde tienen aposento los que se dicen guaraníes. Pero estaba escrito que todos rendirían esa noche su alma al Creador pues por más cuidado que se puso, el vela se durmió y fueron aflechados por los guaraníes".
Y finaliza Díaz de Carreras su infausta crónica de Indias efectuando un extraño vaticinio que, a pesar de las lógicas precauciones de la época para no caer en las garras de la Inquisición, se vio cumplido grandemente, hasta que apareciera el manuscrito que hoy hemos podido sacar de las sombras.
"He considerado que no debía omitir por completo estas cosas con las que muestro cuán virtuosos eran los indios manguera, aún cuando idólatras y antropófagos, y cuánto cuidado tenían en educar a los hombres y cuánta fuerza en el discurso y cuánto largor en sus formas. Temo que los que viniesen después de nosotros no curasen de conservar estas historias por tener mucha queja de que le dejamos los indios consumidos y plegue a Dios que no lo veamos en nuestros días. Espántome de los que creen en los astrólogos, que cierto hacen mal, demás de ser pecado mortal, pero paréceme que ello habrá de así suceder que hoy está todo olvidado de tantos años a esta parte ya pasados".
© Pablo Martínez Burkett, 2005


[1] Se refiere a la Revolución de los Siete Jefes ya mencionada.