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martes, 31 de mayo de 2016

PERFIDIA CIRCULAR



PERFIDIA CIRCULAR (*)
                                          

                                         Ya no estás aquí, ya no,
                                         en la región donde de algún modo se existe,
                                         nos dejaste sin provisión en la tierra,
                                         por esto, a mí mismo me desgarro.

Nezahualcóyotl-Estoy triste

Fui citado de urgencia. El tlatoani en persona quería ocuparse de mi intransigencia. No me conmovían las sequías de un Tláloc ausente ni los huracanes que Ehécatl resoplaba incansable. Ni estaba inquieto porque la sangre no aplacaba el rigor de Tonatiuh. No era sordera divina sino hartazgo. Este quinto sol pasará como sus predecesores. Es el destino de nuestro pueblo. Pero una gran mayoría opinaba que era algo a evitar. Los guiaba el infame cihuacoatl. Las conspiraciones del Primer Ministro siempre me tuvieron sin cuidado. Es un buen hombre pero también un fanático y para lograr su cometido no vacila en acudir a la delación, la estafa y aún, el homicidio. Y nuestro rey lo escucha. Sin embargo, yo soy el teotecuhtli, el supremo sacerdote y ante la regia presencia usé todas las prerrogativas de mi rango. Y la sabiduría ancestral. Porque yo hablo con los dioses y en los vapores sagrados me fue revelado el futuro. No tiene caso ir. Me opongo. Dicen que más allá del mar, los hijos de Sin, Ištar y Šamaš votaron igual. ¡Qué obtuso fui!: la orden ya se había emitido. Mientras el tlatoani me interrogaba, un grupo de teopixque iniciaba la jornada hacia un distante planeta azul. Estos jóvenes sacerdotes de dientes aserrados fueron elegidos para tener comercio carnal con las indígenas. A cambio harán don de los secretos de la hechicería, el augurio de tormentas y eclipses, el gobierno de sembradíos y cosechas, el fuego y tanto más. Sé que nos van a ignorar, que nos relegarán al mundo de las fantasías insomnes. Sé que en los milenios por venir, los locales pondrán en duda todas las evidencias. Sé que alumbrarán teorías y refutaciones nimias. Y sé que nadie nos recordará. Pero no los condeno. En su hora, abjuramos del pasado en términos similares. El fruto no guarda memoria de la semilla que fue. Me pesa, sí, que nos motive más la lujuria que evitar la extinción. Una ulterior visión me reveló el resto. Aún la secreta forma del cuchillo de obsidiana que en breve me labrará el pecho. No quiero entristecerte, amada Xóchitl, pero necesito ungirte mi testigo. Según los ingratos dioses me aguarda un olvido mayor.

© Pablo Martínez Burkett, 2016



(*) El presente relato fue publicado en el #149 de la Revista digital miNatura dedicado a Paleocontacto.


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sábado, 11 de septiembre de 2010

LA ESTRELLA DE OCHO PUNTAS

A mi hermano Andrés










Someday, the children of the new sun will meet the
children of the old. I think they will be our friends.

DR. HEYWOOD FLOYD
2010: The year we make contact





DESPERTAR DE LA criopreservación siempre me deja con un sabor amargo y el asombro de la identidad. Abomino viajar durante tanto tiempo a merced de las máquinas. Ya sabemos dónde hemos acabado por conferirles el control. Pero para qué protesto, si yo, Ishtar, hija de Nannar; me he ofrecido como voluntaria para el Programa Segundo Contacto, uno de los frutos más eminentes del Tratado de Irkalla, ese embuste que puso fin a las Guerras de Sheratan.

Por enésima vez, estudio los manuales de la Agencia Aeroespacial. Son del todo elocuentes y sn embargo, la especie indígena aún me provoca extrañeza. Esa mata de pelo en la cabeza denota un estadio evolutivo anterior. Y esos ojos, minúsculos, dan asco. Además, son tan bajitos y con demasiados dedos. ¿Y el idioma gutural que practican? Espero que el traductor universal sea eficiente. En esta etapa, el entendimiento será vital. No obstante, el contraste anatómico es lo menos inverosímil. Corro una y otra vez la secuencia holográfica. Aseguran que en el pasado fuimos capaces de reproducirnos así, por fricción. No consigo imaginar qué placer encuentran en ello. Aunque los estudios de histocompatibilidad están avalados por acreditadas universidades de toda la galaxia, tengo algunos reparos. Volver a equivocarnos... Admito que con las dudas me asaltan otras sensaciones, igualmente incómodas. Presiento que no serán las últimas. La conquista planetaria es inclemente con los débiles. Y la debilidad es un lujo que, como teniente del III Regimiento de Exploradoras Coloniales, no me puedo consentir. Empero, estaría más tranquila sin la ultrajante proscripción del sable laser.

Estiro el cuello y me dejo inocular. La doctora procede y calla. Sé que comparte mis incertidumbres. Somos ocho voluntarias. La capitana nos convoca al puente. En breve será visible nuestro destino. Al principio se confunde con la negrura del espacio, pero luego aparece una esfera azul. Es cierto, la mayor parte está ocupada por océanos. ¡Agua! Zumba el sensor de la transportadora. Antes de ser vaporizadas a la superficie, me encomiendo a Tiamat, para que el nativo asignado sea un buen semental. Es esto o la extinción. No alcanzo a preguntar por qué lo llaman planeta Tierra. El Programa Segundo Contacto ha comenzado.


© Pablo Martínez Burkett, 2010




El presente texto fue publicado en la edición # 104 de la Revista Digital miNatura.