lunes, 13 de febrero de 2017

EL SENESCAL FELINO NU-WE


EL SENESCAL FELINO NU-WE(*)
Y en medio de aquella nigromancia me pareció ver algo que había heredado o conocía de forma innata y que siempre había buscado en vano.
H. P. Lovecraft – El que susurra en la oscuridad
Percibimos imágenes de las cosas pero no las cosas mismas. En cambio el Almirante las percibe tal como son, igual que Bastet, su gata. Es claro que ella vive en una dimensión donde el espacio y el tiempo son absolutos. Y en esa inmóvil y eterna percepción reside su conciencia del universo. También yo debería poseerla porque soy el Senescal Felino pero no, todavía no. Disfruto de una sospecha, lejana, difusa. Recién tendré conciencia cuando sea iniciado en los sagrados misterios y mi alma anide en un animal simbionte, luego de atravesar arduos actos de purificación y despojo. El Almirante sigue las órdenes gatunas. Todas. Basta que extienda una pata sobre las cartas de navegación para que la nave ponga proa a latitudes desconocidas. Así nos allegamos a este confín remoto donde los nativos nos consideraban dioses. Su adoración me causaba perplejidad pero el Almirante y Bastet la consentían. Tampoco eran de inmutarse por las muertes que provocaba nuestro sometimiento. Necesitábamos la pericia extractiva de los locales y era justificación bastante. A cambio, los instruimos en las artes adivinatorias, las leyes que gobiernan los astros y las cosechas, la magia y los ritos funerarios. Pero no estaban satisfechos. Muchas tribus se consideraban oprimidas y las sucesivas masacres no lograron apaciguarlos. Hemos luchado en batalla, les hicimos el mal. Se nos fue de las manos. Y el apareamiento con las hijas del hombre nunca resultó. Nuestra progenie es una aberración. Nos ganó la idea de estar cometiendo una blasfemia. Si el Supremo Uno lo decreta no habrá purgación posible y menos, acceso al conocimiento último. Tanto esfuerzo para nada. Hasta Bastet parecía inquieta. Poco queda de su morosa existencia. El Almirante nos convocó de urgencia. Ha recibido un dictamen: debemos irnos. En siete días todo será arrasado por una fabulosa inundación destinada a sepultar la ingratitud de los pérfidos. Pero aunque la bitácora registre que fue por su culpa, sé que estamos disimulando una impiedad. Mi nombre es Nu-we y voy a desertar para libertar a los inocentes. Nunca mi alma se desdoblará en un gato. Prefiero que sea de este modo.
© Pablo Martínez Burkett, 2016

(*) El presente texto fue publicado en Revista Digital miNatura Nº 154 Dossier Gatos.


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