jueves, 21 de febrero de 2019

LA PUERTA DEL CIELO


LA PUERTA DEL CIELO
Este aparato es un invento de nuestro antiguo comandante. Yo asistí a los primerísimos experimentos y tomé parte en los trabajos, hasta su terminación.
Franz Kafka, En la colonia penitenciaria
Yo era pobre. Las maravillas de la medicina biomolecular nunca fueron para los pobres. Desde hace décadas se abrió un abismo entre los que todavía enferman y los que son sanos por manipulación genética. Nosotros, los humanos. Ellos, los novohumanos. Por entonces, recién salía de mi enfermedad. No es ninguna excusa ni quiero exonerar mi traición pero, aunque parezca que el peor día de tu existencia es aquel donde te anuncian que sufres un cáncer terminal, no tienes ni idea de lo que es sobrellevar la noticia de que te has curado: la posibilidad de una recaída te roe la voluntad hasta enloquecer. La quimioterapia no es para todos. No sólo envenena las células malas, también el cerebro. Consideraba el suicidio cuando recibí la oferta del Dr. Prendick. El programa Puerta del Cielo me prometía algo vedado para mí. No tuve ningún escrúpulo en abandonar mi mortalidad. El proceso de recombinación del ADN es atroz y al principio, mi cuerpo se resistió a las cánulas y sueros enriquecidos, pero finalmente emergí purificado. Pronto me acostumbré a mi nuevo aspecto, aséptico y lampiño. Y pronto me uní a la nueva religión y me convertí en el más severo comisario del Proyecto Eugenesia. En los grandes centros médicos de cada cuadrante se adicionaba biotecnología a los pacientes favorecidos en multitudinarios sorteos. El advenimiento de la comunidad galáctica estaba pronto. Sin embargo, una tormenta solar afectó los satélites y por error recibí un mensaje que me reveló el embuste: no había ningún plan de mejoramiento en marcha. Por el contrario, los centros médicos eran reservorios de exterminio, eran el aparato de una aniquilación metódica. Las enfermedades, no, no; los enfermos tenían que ser erradicados de la faz del planeta antes del regreso de aquellos que, en los tiempos antepasados, bajaron desde el cielo. Abjuré de la heredad adquirida con el martirio de tantos. Fue arduo, pero meses de tratamiento ignominioso restauraron mi humanidad. Toda tiranía engendra la semilla de su destitución. Ahora soy pobre otra vez. Ahora soy el cabecilla del levantamiento contra los novohumanos. Eso, mientras aguardamos, feroces, a los que vendrán desde las alturas.

© Pablo Martínez Burkett, 2018


(*) El presente cuento fue publicado en el #165 de la Revista miNatura, dossier dedicado al biopunk.

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