lunes, 18 de enero de 2010

LA DONCELLA DE HIERRO

Soy un hombre –contestó gravemente el Padre Brown-.
Por eso tengo el corazón lleno de demonios.
G.K. CHESTERTON - El Martillo de Dios






LOS OSCUROS ACONTECIMIENTOS que me alojaron en este Hospicio de la Quinta del Sordo no vienen al caso. Todos saben de la amistad que me unía con el profesor Álvar de Soto. También era fama su pasión por el espiritismo, la astrología y otras ciencias ocultas. No es que no se lo hubiera advertido de tantas formas - es cierto que sus palabras pomposas y alambicadas ejercían una perversa fascinación - pero aún así, le pedí una y mil veces que no insistiera con su búsqueda frenética. Pero comprendo ahora que tanto su destino como el mío estaban ya escritos. No pude evitar que la lectura del Malleus Maleficarum exacerbara su monomanía por brujas, hechiceras y gitanas, a cuya capacidad de prestidigitación les atribuía que su miembro viril pareciera enteramente alejado y separado del cuerpo.

Tampoco pude eximirlo de la desaforada carrera de secretos autos de fe y otras expiaciones a las que, ora con el cilicio y el gato de las nueve colas; ora con la cigüeña y el aplasta pulgares, se sometía en reparación diaria por los nefandos actos.

Quizás le fallé como discípulo al no tratar de impedir su última locura. Sí, su última locura, la que me tiene encerrado en estas cuatro paredes. El profesor de Soto ya no escuchaba, la aflicción espiritual que le causaba no lograr mantener comercio carnal con la pérfida Judith, era peor que soportar las penurias del Averno. No creo que haga falta referir aquí la forma en la que esa maldita marrana lo tenía sometido a sus diabólicos influjos. No lo salvó siquiera consultar el Fornicarius de Nidel. Ya era tarde, la ronda de las brujas se había desatado. Nunca debí prestarme a ello. El atroz acto de canje que aceptamos realizar con los demonios, será siempre una abominación que clama contra el Cielo y justifica el tormento.

Debo dejarte, estimado lector, la doncella de hierro me aguarda.




© Pablo Martínez Burkett, 2005



El presente texto ha sido publicado en el libro "Continuidad de las Voces, Antología II", de la Editorial de los Cuatros Vientos (Buenos Aires - Argentina) en diciembre 2007.
También en la edición dominical (03/08/2008) del Diario El Tiempo de la ciudad de Azul (Pcia. de Buenos Aires - Argentina) y en el  #96 de la la Revista MiNatura, sept/ago 2009.

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