miércoles, 25 de mayo de 2011

LEERSE CON LOS OJOS DE OTRO, TREINTA AÑOS DESPUES










Esta semana que pasó fui a Santa Fe, ciudad en la que nací y me crié hasta los 25 años. Puesto a revolver papeles guardados en un cajón, con la esperanza de encontrar unos proto-cuentos de la adolescencia y primera juventud, dí con este certificado.


Acredita mi participación en el Certamen Intercolegial José Pedroni, organizado por la Dirección de Cultura de la Secretaría de Cultura y Bienestar Social de la Municipalidad de Santa Fe, en representación del Colegio La Salle-Jobson, mi colegio.


La fecha? El 9 de septiembre de 1981. Efectivamente, las matemáticas son inexorables. Si nací el 14 de abril de 1965, para esa fecha tenía 16 años y estaba, consecuentemente, en cuarto año del colegio secundario.


Qué hacía por entonces? Estudiaba, jugaba al rugby apasionadamente, me estaban por dar mi DNI, y ahora que caigo en la cuenta, en pocos días me estaba por poner de novio.


Y por supuesto, leía, leía y leía todo lo que caía en mis manos, que en general, eran los libros que papá y mamá me seleccionaban en la biblioteca del Colegio y algunos otros de la biblioteca de mi casa, a los que le metía mano. Debo a aquella época mi devoción por Edgar Allan Poe; H. P. Lovecraft; Julio Verne; H. G. Wells, Emilio Salgari, el primer Borges, Mujica Laínez ("El hombrecito del azulejo" que por entonces me parecía muy superior a "El cautivo") y el inmenso Adolfo Bioy Casares con la "Invención de Morel", que literalmente, me quemó la cabeza. Y los libros de historia y filosofía de papá, que me generaban un rompecabezas digno de internación en un hospicio mental.


Y también escribía, con más empeño que literatura (no es que ahora haya mejorado, pero al menos, creo, tengo oficio). Lo que siempre recuerdo, es que mis profesoras de Castellano primero ("la" Deli Paseggi), y Literatura después ("la" Sueldo) me decían que tenía una forma de escribir y sobre todo, una temática, infrecuente para un chico de mi edad.

Los cuentos que buscaba no los encontré, pero si, junto con el certificado, aparecieron un montón de poesías. Bueno, quizás nominarlas como poesía sea una indecencia. Puede que algún verso se salve, pero eran ripios con vana pretensión poética  Eso sí, podría decirse que siempre he sido un maníaco consistente, porque muchos de los temas que atraviesan mis cuentos de hoy, ya estaban allí.


Hace un poco menos de diez años, me animé a empezar a hacer público estos torpes ejercicios de vagabundo peregrinar con los que me mal entretengo. Pero pruebas al canto, intento escribir desde que me acuerdo y casi sin interrupciones desde los dieciseis años, salvo algún hiato provocado por las vicisitudes de la vida.


Por eso es muy divertido volver a leerse con ojos de otro, ese otro que soy, treinta años después.