martes, 17 de enero de 2012

MISIVA HALLADA ENTRE CHATARRA ESPACIAL






Mr. Prendick says you know something of science. May I ask what that signifies?

H. G. WELLS – The island of Dr. Moreau






SOMOS PASAJEROS DE un universo que pacientemente se expande en la infinita nada. Y no estamos solos. Es nuestro deber como luchadores de la libertad reivindicar la gesta del Icarus. La Noche de los Grifos, en la que toda la historia fue cambiada, es una afrenta a la humanidad. No sólo exterminaron a una generación de sabios pensadores. Nos robaron el futuro. Pero la Resistencia se está organizando. Nuestra hora está pronta.





La prensa apenas si pudo anunciarlo. El Ministro de Propaganda se apresuró en declarar apócrifa a la carta y censuró la difusión de las imágenes donde se ve a los matarifes de la policía secreta limpiando chatarra que cayó del cielo. Sin embargo, bastó para encender la esperanza. Siempre supimos que Marte hospeda una colonia de hombres libres y felices, multiplicándose al amparo del progreso de las ciencias.






Un infiltrado me allegó copia de la misiva escondida en una escafandra. Es sólo un fragmento y dice así: “… y soy natural de Blantyre, una localidad al sur de Glasgow, hogar del Dr. David Livingstone, explorador cuya empresa descubridora nos valió las Cataratas Victoria y el nacimiento del Nilo. Y si sus hazañas no hubieran sido fanal suficiente provengo, además, de una familia que ha hecho de la cartografía estelar un arte al servicio de la Corona. Sería largo de enumerar las regiones en las que estuve destinado para dibujar los mapas celestes que proporcionan los goggles telemétricos. Pero no fue hasta que me uní a la Sociedad Real Geográfica Escocesa, que mi vida cambió. Allí pude trabajar a la vera de varones eminentes, diseñando el Icarus, primer vehículo a Marte y el más moderno ingenio volante. Amaba su voluptuoso entramado de caños y calderas; el ensamble de cuero, oro y válvulas y los gigantes balones aerostáticos, mi orgullo. Formé parte del viaje inaugural. Pero si la partida fue accidentada, una deficiencia en el carbón trajo un mal presagio y terminamos varados en Phobos. Escribo con menguante optimismo, no creo que podamos establecer nuestro asentamiento…”.


La leyenda era cierta. La segunda era del vapor ha llegado.




© PABLO MARTÍNEZ BURKETT, 2011