viernes, 2 de noviembre de 2012

"2022 - LA GUERRA DEL GALLO", una novela de JUAN GUINOT




El gallito Exocet, Gyllene Draken , 
el casco de "el" Masi y la pizarra con sus estrategias




A la época de componer esta reseña tengo 47 años. Eso significa que nací en 1965 y que, consecuentemente, en 1982, tenía 17 años y estaba en quinto del colegio secundario.

Este alarde matemático pretende darle contexto a una historia que, para todos los de mi generación, tiene mucho de autobiográfica. ¿Por qué? Simple: el 2 de abril de 1982 nos despertábamos con la noticia de que habíamos “recuperado” las Malvinas. La profesora de música nos venía a buscar para aprender una ignota Marcha de las Malvinas mientras los soldados conscriptos que marchaban al frente no me llevaban ni dos años. Y todos cantábamos con repentino patriotismo y creíamos que los corríamos a alpargatazo limpio. De puro guapos. De puro argentinos. 

Ínterin los brotes de euforia se disputaban cartel con el estupor, la única guerra que ganábamos era la sucedía en las tapas de la Revista Gente y en la pantalla de “60 minutos”, el noticiero del canal televisivo ATC, porque más allá del heroísmo salvaje de los soldados argentinos (trasplantados del calor tropical al hielo homicida); la guapeza de los cazas criollos que hundieron unos cuantos barcos y todo un pueblo donando sus joyas y tejiendo bufandas (…), poco más hay para rescatar, porque si ninguna guerra es humana, esta, directamente, fue un desastre. Lo único bueno, si se quiere, es que la derrota precipitó la caída de los militares que nos gobernaban, durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.

A mí no me resulta fácil hablar de las Malvinas. Se me hace un nudo en la boca del estómago. No quiero imaginarme qué me pasaría si por ventura se me ocurriera escribir una novela sobre esa guerra insensata. A pesar de mi cobardía, deseo arriesgar algunos comentarios sobre la novela “2022 – LA GUERRA DEL GALLO”, de mi amigo Juan Guinot

El ocasional lector dirá: “otra vez glosando la obra de los amigos”. Sí. Y en buena hora. Porque este es un más que dilecto amigo. Lo conozco personalmente, conozco a su familia, mi hija juega con el suyo, compartimos emprendimientos editoriales, compartimos la mesa, compartimos una infinidad de sueños. Y en este punto me quiero detener. Hace unos cuantos años, nuestro editor de la revista miNatura me sugirió que lo contacte: dos argentinos, en Buenos Aires, ¿cómo no se conocen?. Lo llamé. Ahí nomás, me invitó a su casa, a tomar unos mates. Inmediatamente nos hicimos amigos. Ese módico detalle, me permite citar una de las cualidades de Juan: es una de las personas más generosas que conozco. Y más auténtica.

Bueno, usted dirá: “qué suerte que tiene Burkett… sus amigos son unos fenómenos, pero aunque esto fuera cierto… que sean buenas personas no los convierte automáticamente en buenos escritores”. No, tiene razón.

Sin embargo, señor lector inquisitivo déjeme que le diga que Juan Guinot escribe muy bien. Escribe generosa y auténticamente bien, tal como es él. Se expone como un trapecista de circo que desdeña la red, no por corajudo sino porque así siente que debe hacerlo. Ese es Juan. Un artista de la palabra, con un ojo de director de cine, capaz de captar los entresijos de la vida de una forma exquisita. Alguna vez le dije que en sus textos “la vida es literatura en movimiento”. También le dije, muchas veces, que leyendo sus composiciones, aprendí a escribir. Y no exagero, su estilo puro, directo, sin alambicamientos, retrato cotidiano de nuestras miserias y felicidades, ha sido un modelo a seguir para este autor extraviado, un barroco en rehabilitación.

Antes que decir algo sobre la novela, sepa señor escéptico con las glosas sobre los amigos, que “2022-LA GUERRA DEL GALLO” resultó finalista en el Premio Celsius de la SEMANA NEGRA DE GIJON 2012

¡Ah, caramba…! ¿Se metió en el link para corroborarlo? ¿Vio, vio? Le picó el bichito y ahora quiere saber. Le voy a contar, pero sepa también que con el libro se adaptó una obra de teatro unipersonal que ha puesto el cartelito de "NO HAY MAS LOCALIDADES" en casi todas sus representaciones.

Y ahora, vamos al libro. La novela es un viaje iniciático, un  alarde autobiográfico de toda una generación, cuya acción principal sucede en el futuro, edad que hospeda los mejores sueños pero también, las más tórridas pesadillas.

"El" Masi, es un chico argentino que para la fecha del desembarco en Malvinas tiene 12 años y que toda la vida esperó recibir aquella noticia. Lleno de ansiedad y planes de gloria, se ofrece como voluntario, se pertrecha para la guerra. Sus familiares, condescendientes, lo apañan en el delirio, menos la abuela Eulápida, una vieja mala digna de la  peor película de miedo, que para amortiguar tanta maldad le regala el pollito que luego será el vindicativo gallo Exocet. 

Los eventos familiares se suceden con un vértigo creciente a medida que vamos advirtiendo que el Masi no está bien. El padre, intranquilo pero desorientado, le compra un globo terráqueo como ofrenda a la esquiva cordura…Lamentablemente, las cosas empeoran. Sobreviene la muerte del padre, atajo lacaniano que gatilla la locura de el Masi. 

Ah, sí, porque lo que estaba latente se desborda frente al cadáver del autor de sus días y el ex-no-combatiente es internado en un hospicio. Treinta años de electroshocks no logran sacarlo de su sueño de Alonso Quijano. Y para peor, llega un Sancho Panza, efímero y mudo. El compañero de encierro no habla salvo un par de veces y para informarle su condición de buzo táctico y que, si no fuera por los jodidos guardias civiles, hubieran podido recuperar el Peñón de Gibraltar… Y las columnas de Hércules de otrora, se convierten en el Yelmo de Mambrino de ahora. Y si hasta aquí todo era vértigo, en lo sucesivo nos iremos abismando en cataratas de feliz delirio.

Y quizás en ello resida uno de los grandes aciertos de la novela. Su autor ha sabido conjugar el delicado equilibrio entre el mundo ideal y el mundo real, donde las distorsiones de la realidad se originan en una ilusoria megalomanía de un personaje que sin embargo, sentimos tan real, tan propio, tan auténtico, como lo son nuestras más inconfesables pesadillas. De alguna manera, aún cuando cerramos las tapas del libro, sabemos que este Quijote chiquito sigue haciendo de las suyas.

Y así como Alonso Quijano es un sueño del Quijote, y el Quijote, un sueño de Miguel de Cervantes; el Masi es un sueño de su autor, que es un sueño de toda una generación que aún no puede responder al interrogante de sangre que florece en las piedras brumosas del Atlántico Sur. 

Este Quijote vernáculo que nunca dejó de ser un niño y al que la Guerra de las Malvinas terminó de sorberle el seso, está loco. ¿O los locos somos nosotros? En palabras del propio Cervantes: “Cuál es más loco, el que lo es por no poder menos, o el que lo es por voluntad”.

Sí, sí, señor lector impaciente, el Masi va a recuperar las islas Malvinas pero también el Peñón de Gibraltar, propinándole a la Pérfida Albión una derrota como jamás sufriera antes. 

Ah, no, si quiere saber más, lea “2022-LA GUERRA DEL GALLO”, de Juan Guinot. Se consigue en las mejores librerías. También en la de su barrio.



© Pablo Martínez Burkett, 2012