viernes, 22 de marzo de 2013

TRANSMUTACION DE CONCIENCIA



Así, quienes aprueban una opinión, la llaman opinión; quienes están disconformes con ella, herejía; y aún herejía no significa otra cosa que opinión, pero con un mayor énfasis de cólera.
Thomas Hobbes- Leviathan, Capítulo XI
El extraño suicidio del profesor Engel von Himmel me tomó por sorpresa. Había sido compañero de mi padre en la sección egipcia del Museo Vaticano y luego, mi mentor. Le debo todo lo que soy. Hace unas semanas, el correo trajo una carta póstuma donde mi maestro me advertía sobre una descomunal conspiración, mientras lamentaba implicarme. Quisiera tener tiempo para desmentir la voceada “maldición de los faraones” pero ya me acechan los sicarios. Y la Zeitschrift fur Ägyptischen Sprache und Altertumskunde se negó a publicar el fabuloso hallazgo argumentando delirio senil. No queda sino apelar a la valentía de miNatura para denunciar este renovado intento de falsificar la historia. El sobre rebosaba de documentos. El más importante, un papiro de no más de 20 cm por lado, muy mal conservado y con partes deshechas por las edades. Los herederos de un oficial del Afrika Korps se lo habían vendido por unas monedas. Al leerlo, sentí un mareo existencial, una certeza transparente. Frente a mí resplandecía el testimonio de la irrupción extraterrestre en la evolución del hombre. No deseo contaminar la exquisita traducción de este mártir de la verdad y simplemente la transcribo, con temor pero también con esperanza.
Así dice: “En […] el faraón citó a Dyehuthi, el escriba, para atestiguar el prodigio que llegó de los cielos. Un disco ardiente se posó con una lluvia de fuego y nada pudo la armada del rey […] Los visitantes se allegaron al Señor de las Dos Tierras y eran muy altos […] el cráneo como huevos gigantes. Su paladín llevaba un cayado que parecía una serpiente de fuego azul. Venían desde […] y reclamaban el oro del vientre de la Tierra para restaurar […] la estrella sin calor y volver a respirar. A cambio, nos harían gran don de dominar los elementos, conocer la sustancia primordial, y sus transmutaciones, transformar metales […] la salud de los cuerpos y el viaje de las almas. También nos pedían mujeres para hacer casa con ellas y engendrar una estirpe de titanes que regresarían a su mundo para restituir el reinado de la luz que no tiene fin”. 

(Nota del Editor: aquí se trunca el correo electrónico y su autor no ha podido ser encontrado hasta el presente).
© Pablo Martínez Burkett, 2012