jueves, 23 de enero de 2014

LA SOMBRA DE LA SIESTA



LA SOMBRA DE LA SIESTA
Tenemos algunas descripciones de los asesinos. Los testigos dicen que son gente de aspecto corriente. Algunos dicen que parecen estar en una especie de trance. Otros los describen como monstruos deformes.
Una radio de Evans City, Butler County, Pennsylvania
Un hombre sueña con seres deformes que se derriten. Alguna vez fueron humanos. Arrastran sus cuerpos miserables por las calles. Un reguero húmedo y hediondo delata sus pasos pero el sol criminal pronto borra toda huella. La boca abierta, la lengua hinchada, los ojos enloquecidos. Los brazos buscan el equilibrio que ya no tienen. Balbucean palabras inconexas, o al menos, eso parece. Al aire quieto de la siesta es una mortaja de fuego. El único refugio es la sombra de las bóvedas rodeadas de cipreses y eucaliptus. La procesión de patéticas criaturas se congrega en el cementerio. Desalojan a los muertos y se apropian de sus moradas. Respiran en paz, agradecidos. George E. Romero tiene una pesadilla y en el Chamical, provincia de La Rioja, la sensación térmica es de 57°.
© Pablo Martínez Burkett, 2014