martes, 8 de marzo de 2011

EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA

Jealous in honor, sudden and quick in quarrel, seeking the bubble reputation even in the cannon's mouth.
William Shakespeare - As you like it, Act II - Scene VII


 


La imagen no podía ser más patética. Ni siquiera la doble faja lograba disimular al vientre descomedido. Afortunadamente, el casco le cubría la calva. La caústica erosión de los años no perdonaba ni a los superhéroes. Mientras resistía el asedio de unos niños de besos pegajosos, quiso haber sido cualquier otro porvenir. En verdad, deseó reescribir el pasado. Pero todo sucedió tantos años atrás que ya se le borroneaban los límites entre lo real y lo apócrifo. No así a los hagiógrafos que, con perdonable embeleso, le atribuían orígenes legendarios. Nada más falso. Fue una conjunción de azares. Muchos, demasiados.


 

La desdicha empezó en 1951 cuando el Courier de Charleston -Carolina del Sur- cerró una edición dominical citando a Nietzsche: “Muertos están todos los dioses, ahora queremos que viva el superhombre”. No es de extrañar que la idea cobrara fuerza y pronto hubo consenso sobre la necesidad de un paladín local, no sólo para enfrentar al crimen sino también, para defender al país de la agresión comunista. Un vórtice de tiempo se disponía a devorarlo pero ajeno a ello, el entonces joven Jimmy Stevens se preparaba para asistir a la fiesta que organizaba su fraternidad por Halloween. Poncho, un condiscípulo aficionado a la lucha libre, le había prestado un traje de Quetzalcóatl, el dios serpiente de los mexicanos.




El disfraz consistía en una cota de malla muy ajustada, una capa y unas botas de caña alta. El yelmo, de grandes colmillos, le daba un fiero aspecto. Para disimular el rostro, se puso un antifaz negro. En un arresto de pudor sureño, usó un calzón con la bandera confederada para cubrir sus partes privadas y lo aseguró con un cinturón de buceo. Ya de camino a la fiesta, se desvió para rescatar el gato de una vecina. Un fotógrafo lo sorprendió trepado a un cerezo con el felino acróbata pero torpe. A la mañana el Courier tituló con orgullo “La era del superhéroe ha llegado”. Un ofidio vernáculo proveyó el alias: Cotton Mouth Snake, así como las cualidades de tenacidad, intuición y encantamiento letal. Más tarde sería “El Vigilante de Palmetto”, “The Holy City Cavalier” y otros tantos excesos. Todo estaba dispuesto para que la Historia lo vomitara sin piedad. El resto, pertenece a la tragedia.



© Pablo Martínez Burkett, 2011



El presente texto fue publicado en la edición # 109 (marzo-abril 2011) de la Revista miNatura, revista digital de lo breve y lo fantástico. Este número estuvo dedicado a los superhéroes.