martes, 31 de enero de 2012

CUANDO ME HICE DE LA PANDILLA DE H. P.









Evoco el nombre de Hastur, uno de los dioses antiguos, que aguarda oculto en una estrella sin luz a que llegue el día en que el viejo orden sea restaurado y el exterminio del género humano se haga realidad.

Cuando era niño, fue uno de los amiguitos que vino a jugar de la mano de  H. P. Lovecraft y sus libros malditos, blasfematorios, abominables y sacrílegos. Desde entonces formo parte de su pandilla.

Son los primordiales, los primeros dioses, que llegaron a la Tierra antes de que fuera habitada siquiera por el hombre. Y son los que atacaron a los antiguos dioses y fueron vencidos y arrojados al abismo de ciudades sumergidas y estrellas ignotas, desde donde aguardan regresar para restablecer su impío reinado. 

Siempre me gustó creer que los primates que se irguieron por primera vez en la sabana, fueron "educados" por la magia negra de estos dioses que vinieron de las estrellas.

Vaya mi recuerdo para el delicioso horror que me causaron las historias de Cthulhu, con su cabeza de calamar gigante y su cuerpo de dragón, que prolonga su letargo en la ciudad de R' lyeh, Ithaqua, "el-que-camina-en-el-viento"; Hastur, "aquel-a-quien-no-se-debe-nombrar"; Yog-Sothot, "el-uno-en-todo-y-todo-en-uno"; Azatoth, el dios ciego e idiota; Cyäegha; Fomalthant; Ghatanothoa; Tsathtoggua; Leigor; Zhar y toda la cohorte de los antiguos dioses derrotados.



 ·© Pablo Martínez Burkett, 2012