miércoles, 3 de abril de 2013

"Todos los rostros, un rostro", apertura dedicada a Marlon Brando






Si yo omito el nombre pero digo “Un tranvía llamado deseo”, los que andan por la tercera juventud quizás recuerden la cinta del muchachito rubio, camiseta sudada, que a grito pelado llamaba a Stella. Y si es de esa generación y no vio la peli, tal vez se acuerde del mexicano de “Viva Zapata”; de Marco Antonio en “Julio César”, de la mafia sindical de “Nido de Ratas”, del motoquero rebelde de “Salvaje” o del insubordinado segundo oficial de “Motín a bordo”. Si ya sabe de quién hablo, ¡shhhh! no diga nada.
Porque los que pintan canas, seguramente traerán a la memoria a “El último tango en París”, sea porque se cruzaron hasta el Uruguay para eludir la prohibición, por los desnudos frontales de la malograda María Schneider o por la escena de la manteca. Y hoy, que ya no posee el erotismo que exudaba en su hora y que hasta la pasan en la tele, resulta incomprensible la censura. ¿Lo tiene en la punta de la lengua, no?
Y los amantes del cine bélico, lo recordarán por “Apocalipsis Now” y el inmenso Coronel Kurtz, un oficial de alto rango que en la guerra de Vietnam, se pasa a la clandestinidad y se deja adorar como un dios. El rostro en la semioscuridad, los ojos entrecerrados, la voz nasal narrando la capacidad del hombre para engendrar el horror, son una lección de algo más que actuación. ¿Ya se acordó? ¡Si era facilísimo!
Pero si de desempeño memorable se trata, todos recordarán a Don Corleone de “El Padrino”, el capo que preserva los valores familiares con el mismo empeño que ajusta cuentas con un clan rival. Un caballero, un rufián, un padre de familia, un jefe del crimen organizado. Un actor colosal mostrando las dos personalidades que conviven en un mismo sujeto. ¡Ya está! Ahora no hay dudas de quién se trata.
Pero aguarde, es posible que a los más jóvenes les haga falta una ayudita extra, porque cuando mucho, el nombre les resulte vagamente familiar. Y así, algún amante de los comics dirá que era Jor-El, el padre del “Superman” de Christopher Reeve. Una chica romántica, lo evocará como el psiquiatra casi jubilado que atiende al Johnny Depp que se cree “Don Juan de Marco”. El apasionado por la ciencia ficción, lo tendrá por el bodrio “La isla del Dr. Moreau”, donde interpreta al médico desequilibrado que experimenta con animales y a quien acompaña una suerte de “Mini-me”, que no es sino Nelson, el hombre más pequeño del mundo que solía presentar Susana en su programa.
Sí, no importa la edad, seguro que la adivinanza no duró mucho. Resuena en su mente esa forma tan particular de fraseo, esa manera de manejar los silencios. Y advierte que son tantas las caras, tantos los personajes, que el hombre se borronea en los contornos del mito. Y ya lo tiene, con nombre y apellido. Sí, ese actor, maestro de actores.
En un día como hoy, pero de 1924, nacía en Nebraska, Marlon Brando. Una leyenda del cine, que fue nominado al Oscar en ocho oportunidades y que lo ganó en dos. Un ícono cultural que más allá de los arrebatos, el mal humor y la actitud provocadora, también alzó su voz para defender los derechos civiles de las minorías. Un grande como pocos.
© Pablo Martínez Burkett, 2013