lunes, 2 de septiembre de 2013

UN ATAJO HACIA EL PRECIPICIO, un libro de poemas de LUCIANO ALONSO


Retomando la postergada costumbre de reseñar libros, hoy quiero hablarles de UN ATAJO AL PRECIPICIO (Nova, 2013), el libro de poesías de LUCIANO ALONSO.
No descarto la existencia de algún manual de estilo donde se enumeren los requisitos mínimos (así como los anatemas varios) para que una apostilla merezca la etiqueta de “reseña”. De alguna manera sospecho que en ese manual que mi ignorancia esquiva, se recomienda evitar la mención de cualquier vínculo entre el crítico y el autor. Guiado, claro está, por la intención de que los incautos no descubran que tras la impostada asepsia hay un intento de direccionamiento. Pero como ya no quedan incautos, bien puedo omitir la observancia de tal precepto y efectuar como previo algunas consideraciones de tipo personal respecto de Luciano Alonso.
Me resulta arduo trazar una ilación más o menos precisa sobre el origen del vínculo. Muy a los ponchazos lo podría fijar en la desaparecida, pero no menos recordada, Librería de los Hermanos Tanner, en el corazón de Caballito. Allí supe discutir sobre Borges con su hermano. Supongo que por alguna pirueta cibernaútica desembarqué en el blog del Librero Humanoide, el personaje que hospeda a Luciano (o viceversa, vaya uno a saber). De ahí pasé a frecuentar el reducto palermitano donde el ocasional viandante cree que el pibe con aspecto de yogui vende libros y pasa música con mucha onda. Sin embargo, los que estamos en posesión del secreto (que en el barrio se dice “estar avivado”), sabemos que en realidad oficia de hierofante de un culto mistérico, mezcla de rastafarismo punk, existencialismo pícaro y nihilismo dicharachero cuyo tejido conectivo es el amor por la Literatura, esa que se escribe con mayúsculas. Y a medida que uno va tratando a la persona comprende que más que como personaje, lo tendría que presentar como dramatis personae, porque Luciano es un elenco de personajes que, con homeopática erudición, desgrana una multiplicidad de ópticas que sin embargo confluyen sobre un único mensaje: “Si el infierno es el otro, yo soy tu otro; luego, a relajarse muchachos que es imposible escapar del infierno” (la enunciación es mía, así que bien podría estar totalmente equivocado).
Luciano ya ha incurrido en el libro, con su "Philip Dick, instrucciones de uso"  (Editorial Alaska, 2011), una maravilla a la que le debemos una reseña y que esencialmente es una demostración de amor por la obra de PKD, donde además de una detallada biografía se prodiga con "un catálogo exhaustivo, ordenado cronológicamente según fecha de publicación, en el que pueden leerse un resumen argumental de cada una de las novelas del autor", es decir, el ganador en 1963 del Premio Hugo con su impar “El hombre en el castillo”.
Así las cosas, una tarde fui a comprar el recién horneado UN ATAJO HACIA EL PRECIPICIO. Munido de mi librito, la idea era allegarme hasta la vecina Alamut para que me lo dedicara. Lo cierto es que demoré un poco. Bastante. Cuando me quise acordar, estaba sentado en el cordón de la vereda, devorando los poemas uno tras otro. La gente debe haber pensado que estaba colocado. Porque señor cursando su segunda juventud, toreando los autos que daban vuelta a la esquina, leyendo un libro y muerto de risa daba como mínimo para llamar al SAME.
Desde entonces ya no sé cuántas veces leí el libro. Lo tengo todo subrayado. Para intentar asir el estilo tendría que acudir a construcciones bastante sui generis. Es que las poesías que conforman libro tan ameno transitan por el hilarante cinismo; la filosofía suspicaz y el romanticismo indócil. Pero también por la reflexión profunda y no pocas veces, por la hiriente desolación. Y en este sentido, si hay algo que me asombra de este poemario, más allá de su escritura poderosa, es la profunda experiencia de vida que exuda. Sólo puede escribir así quien vivió mucho. 



El pasado mes de junio, se presentó el poemario en Alamut Libros. El salón ardía de gente. Fue una presentación muy emotiva. Y Luciano tuvo la deferencia de pedirme que eligiera un poema para leer. Me quedé con VOYEUR pero a la hora de escoger, me puse como una adolescente frente a la puerta abierta del placard: quería leer todos. 





Como la idea es que compren el libro y lo lean, simplemente voy a copiar algunas de las frases que tengo subrayadas, destellos de esa alquimia imposible que practica nuestro Librero.


“Y todo podría haber sido hermoso, pero en realidad fue un asco”
amor frustrado adolescente


Luego la cosa se va poniendo peor, progresivamente
A fin de cuentas, todo depende del azar, el puro azar
La vida es un juego falseado de vanidades recíprocas.
Toda la belleza del mundo es un instante que termina
Procura vivir ese instante, en su plenitud abrasadora
Carta abierta a mi futura novia


Simplemente reniega de las trampas de la inteligencia
Es mentira que lo sensible es permutable por palabras
La trayectoria de una idea


Todos nos sentimos poetas, en algún momento
Los sábados a la noche, en la larga hora incierta
Los versos se encienden dentro de nuestra mente
Cualquiera puede escribir un poema


Alguna vez has intentado ser feliz, pero ya no lo haces.
La persecución del éxito sorbe el seso y causa angustia
Ya habrá tiempo para lo demás o tal vez nunca lo hubo
Lo importante  no es lo que sientes ni lo que entiendes.
Lo importante es un sentimiento lejano que se deshace
Escribiste unos versos amargos


No me dolería verte feliz, me dolería que seas tan obvia
Si estoy tocando fondo, quiero mantener los ojos abiertos
Este poema ha sido escrito por una máquina electrónica.
                                                                                              Voyeur


Todavía no conocemos lo que ya intuimos en sueños
Todavía martillamos con microscopios como bestias
La vida se escurre. La ilusión expira. Todo es breve.
Aceptar lo que nos sucede como si fuese lógico y normal.
En realidad, todo es absurdo, azaroso y predecible a la vez
Nadie sembró la semilla del cosmos, mas las cosas existen
Todas las explicaciones y justificaciones se revelan lúdicas
La prescripción de darwin


Abandonarse al placer discutible que facilita la nostalgia.
Las palabras aluden a objeto que se han dado a la fuga
La caverna devuelve el eco de un discurso jamás enunciado
Todos los discursos sostenidos son tentativas de asir aire
Las matemáticas del universo alude al polvo todavía disperso
Nos queda el placer de recostarnos sobre un lecho de rosas
Al fin poder dormir a pierna suelta, en brazos de los dioses
Todas las sensaciones



Y a medida que uno avanza con la lectura, el aparente carnaval de imágenes con atolondramiento de videoclip va formando el contorno de un gran rompecabezas que se nos revela con la fuerza de las cosas sabidas desde siempre. Y conforme la lucidez se apodera de las sombras del entendimiento, lo patético, lo instantáneo, lo resignado, lo profundamente humano, forma una secuencia muy clara que alcanza su pico más alto en la última composición:

Seres de otro mundo hablan el idioma secreto del silencio antiguo. Es imposible imaginar con exactitud ninguna imagen mental o ningún signo lingüístico. Toda representación objetiva intercambiable se ha disgregado en una pretensión sofisticada de tecnicismo en bancarrota.
A la cuenta de tres ya no le importará más nada. A la cuenta de tres ya no regresará jamás. Uno. Nunca ha existido. Dos. Esto es una mentira. Tres. Ya no despertará nunca.
Epilogo


No dejen de hacerse de un ejemplar. No sólo es garantía de buena lectura, es una oportunidad para participar de una crónica viviente. Se consigue en varias librerías, pero si van a Alamut Libros (que queda en la calle Borges 1985 de Palermo Soho), capaz que el autor hasta se los dedica.

Desde el mismo título, este atadito de poemas es toda una enunciación de principios y sostiene una estética admirable. Está escrito con un tono auto-confesional de cancherito loser (oxímoron medio forzado pero que bien podría servir como definición).Tengo para mí que si el Dante lo mandaba a pintar el admonitorio “Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate” este pibe le hubiera agregado un smiley al final. Lectura muy pero muy recomendada.

Muchas gracias.