martes, 24 de marzo de 2015

EL PRODIGIOSO WHIP McLANE


El prodigioso Whip McLane
Que nunca se extinga la brillante llama del entusiasmo.
Josef Goebbels-El triunfo de la voluntad
La plaza está atestada. No es para menos. En estos tiempos es harto infrecuente que un verdadero héroe de deje ver, físicamente quiero decir. Todo ha quedado reducido a presentaciones cibernéticas, discursos enlatados, imágenes del relato. Todo sucede en una pantalla. Durante años, el holocausto climático obligo a permanecer en los refugios, pendientes de las órdenes y noticias emitidas por la Red de Seguridad Global. Más tarde, se decidió por voto unánime emigrar a las estrellas. Pero salvo para tropas de elite y equipos interdisciplinarios, la conquista espacial se vivió desde el blindaje de los hogares. Igual que la guerra contra los Calchines que asaltan los convoyes. Saberse habitante de un planeta que muere es terrible. Consentir el exilio es tremendo. Pero descubrir que no éramos los únicos fue desolador. Máxime con esa horda cuya hostilidad justificó la guerra de exterminio. Por eso, ver y escuchar a Whip McLane es un honor inesperado que justifica la exposición a la radiación ultravioleta. Es el famoso comandante que guió las caravanas con los pocos animales sobrevivientes.
Se apagan las luces. ¡Aquí está! Estalla la multitud. Es alto, simpático, exuda confianza con su uniforme de los Exploradores Estelares. Comienza a desgranar anécdotas para delicia de la gente. Es tan vívido el relato que nadie nota que el paladín luce mucho más joven que las historias que repite con estudiada coreografía. Como no son más de diez minutos, cierra con encendidas proclamas a suscribir el Bono Patriótico. Todos vuelven presurosos pero felices. Hay valientes que arriesgan su vida por nuestro bienestar, hay esperanza. Hay gente que miente, murmuro yo. Nunca pudimos llegar más allá de Plutón. Las tormentas de rayos cósmicos fueron infranqueables y las naves se convirtieron en gigantescos cementerios. Los Calchines son un embuste que sólo existe en las pantallas de las Red, necesario sí, para sostener la moral del pueblo. No hay salvación en las estrellas. No fuimos capaces de eludir el destino. Vamos al apocalipsis ambiental. Yo lo sé. ¡Maldita sea que lo sé! Como que soy el verdadero Whip McLane!

© Pablo Martínez Burkett, 2014
(*) El presente relato fue publicado en el #140 de la Revista Digital miNatura dedicado al Space Western.

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