jueves, 14 de enero de 2016

GIRO DEL DESTINO


GIRO DEL DESTINO
“Estaba escrito que yo debería ser leal a la pesadilla de mi elección”.
Joseph Conrad -El corazón de las Tinieblas
Unos amigos de España me enviaron un video casero de una pareja argentina teniendo sexo. Como la chica gemía “Ay, Ricardo” pronto se delató la broma: ese es mi nombre. Pero había más. El fauno se desfogaba con mi voz. Quiero ser muy claro: mi propia voz. Tono y palabras que solía usar en tales eventos. No se me parecía en nada y sin embargo era igual en todo lo demás. Paranoico imaginé grabaciones secretas para doblar escenas eróticas. Imposible, estoy entregado al celibato. Conjeturé que habían capturado mi voz para procesarla y darle vocabulario a mi alter ego. Pero vivo encerrado. Pasado el brote narcisista advertí la idiotez. Carezco de fortuna, llevo una vida gris. No he sufrido chantaje o burlas. Era todo muy extraño. Un sobrino hacker me ayudó a buscar el origen del video. Con no poco esfuerzo logramos localizarlo en la Deep Web. A medida que allanamos cerrojos y encriptados, un mundo subterráneo se fue develando con pasmosa novedad. Negocios, conspiraciones, crímenes y pornografía irrespirable se anida en las profundidades de direcciones generadas dinámicamente. Días enteros nos llevó dar con el administrador del sitio pero una madrugada nos respondió. El chat fue errático y absurdo. Asumimos que era otra cortina de humo. El hombre exhibía tanta o mayor perplejidad. Y no poco enojo. Al principio no entendíamos. Nos trataba de aberración cibernética. Creíamos que se refería a la violación de sus protocolos de seguridad. Pero nos insultaba. Insistía en llamarnos defecto de programación. De alguna forma empezamos a intuir que algo no estaba bien. Nos asaltó una angustia indigente. El administrador repetía que éramos un fallo de respuesta, una anomalía en los comandos. Abandonó el chat y durante un rato miramos hipnotizados el cursor titilante. En otra computadora hicimos algunas pruebas. Empecé a sentirme descompuesto. Quizás no fuéramos más que marionetas de sofisticado diseño. La pesadilla soñada por el programador de un juego para adultos. Volvió. No, era otra persona: “El desarrollador”. Fui incapaz de seguir leyendo. Lo único que recuerdo es que iba a resetear el sistema.

© Pablo Martínez Burkett, 2015


(*) El presente cuento corto fue publicado en el #148 de la Revista digital miNatura, dossier dedicado a la Deep Web.


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