miércoles, 21 de septiembre de 2011

Revista Digital miNatura # 113 - Mundos Paralelos







Aquí tenemos un nuevo número de la Revista Digital miNatura, bajo a la devota dirección de mis amigos Ricardo Acevedo Esplugas y Carmen Rosa Signes. En esta ocasión, dedicado a los "Mundos paralelos".


Los universos paralelos son, claramente, uno de mis temas fetiches. En ocasiones, lo he abordado con total evidencia y nomenclatura propia del tema, como por ejemplo "Triskel", "El sueño de otro"; "Un destello de mente" o "Axis Mundi" y en otras, menos evidente pero igualmente vinculado: "Regreso a Los Perales"; "Perfidias de Newton"; "El Signo", sólo por citar los que recuerdo ahora.


Pero la posibilidad de un universo parelelo no sólo es un recurso habitual en la literatura fantástica, sino que antes que eso, es una sólida teoría científica. Entre otras curiosidades, JLB escribe "El Jardín de los senderos que se bifurcan", unos años antes que esta teoría se formulara...



Con la imprudencia que me confiere la ignorancia, me animo a enunciar que la física cuántica ha descubierto que las diminutas porciones de materia de la que están hechas todas las cosas (hasta donde son conocidas conforme los instrumentos de medición y teoremas enunciados al presente), se prenden y se apagan. Por supuesto, a una velocidad imperceptible. El tema es que mientras no está acá (por llamarlo de una manera) ese protón o lo que sea, está allá (?). Y si el que está acá, tiene una -digamos- vida, por ejemplo, este que soy yo, nada obsta que el que está allá tenga otra. En suma, como mínimo, habría dos yo y dos todo y todos.



El tema se empieza a complicar, cuando por ejemplo, al que está allá, le sucede algo no idéntico al que está acá. Entonces es bien probable que el de allá, sea un yo bastante parecido a este de acá, pero no tanto. Y la cosa se termina de complicar cuando por simple aplicación matemática se empiezan a cruzar todas las variables. Para la física cuántica, la presencia de un "observador" es el que determina que uno esté acá o allá. Si no, mientras tanto, "estamos en todas partes y ninguna". De modo que según quién sea el observador, que en definitiva es quien "ancla" al pasajero de este o del otro lado, la realidad es esto que es. Este razonamiento a las trompadas, claramente, conspira con la idea del ser que, desde Parménides para acá, sostenemos con mayor o menor conciencia: el ser es uno e inmutable. Sí, agrega la física cuántica, pero según quién lo observa. Y llevando las cosas al extremo, el universo mismo es, porque lo está observando el Gran Observador (y el día que cierre los ojos, nos esfumamos y dejaremos de ser "algo" distinto de El mismo, que es lo único que existe y permanece inalterable). Berkeley y Spinoza tenían razón.



Esta edición ya arranca con una ilustración de portada que quita el aliento: el inquietatne NIDUM de Martín De Diego Sábada (España). Y luego, se arremolinan increibles relatos, viñetas e ilustraciones, para rematar con la contratapa, a cargo del genial M. C. Carper. Calidad a raudales, como nos tienen mal acostumbrados los amigos de miNatura.



En cuanto a los relatos, como siempre, una mención a los perpetrados por los amigos, cuya lectura uno recomienda no tanto guiado por la amistad sino por un criterio estético compartido.



Así,  "Conmueve puentes", de Juan Manuel Valitutti (Argentina) es el sofocante desarrollo de una blasfemia y los recursos extremos para conjurarla; "Y se llamará Matriuska" de Carmen Rosa Signes Urrea (España) es una narración multifocal que acierta en postular la superposición de universos que pueden estar sucediendo ahora mismo; "El peregrinaje infinito" de Carlos Díez (España), una suerte de Alicia, que nos deja adentrarnos en un soliloquio anticipatorio a la vez que descriptivo. Cierto detalle de anaqueles sucesivos, disimulado bajo el perfecto nombre de "llaves", me dio una perspectiva de universo Matrix pero también, de un cuento de Philip K. Dick no tan conocido (aunque me dicen que por estos días han hecho una peli) que se llama "The adjustment team". Finalmente, está "Polimundo S. A." de mi primo José María Marcos (Argentina) que con su habitual pulso narrativo no presenta una historia donde los multiuniversos parecen haber sido domesticados por la ciencia al punto de ofrecer restaurar emociones como quien va al dentista. 


Por mi lado, como no podía ser de otro modo, considerando el tema que nos convocaba, participé con dos relatos. El primero se llama "Bisectriz". Los cabalistas creen que en las letras de la Sagrada Escritura y en sus permutaciones reside el conocimiento de Dios y su universo. Según estas enseñanzas, el universo funciona de acuerdo a ciertos principios poderosos. Y el protagonista, se ha obsesionado con la letra aleph. Como sabemos, esta letra es la primera del alfabeto hebreo y está formada a su vez, por dos letras iud, una en la parte superior derecha, y la otra en la inferior izquierda, unidas por una vav en diagonal. Esta letra aleph, representa el nexo entre el cielo y la tierra, y es además, símbolo de la unidad y del eterno infinito, porque la sumatoria de las letras que la componen da 26 (número a su vez de la habitación del loco...) que es también lo que suma el tetragrama sagrado YHVH (Yavé) que es el nombre de la divinidad. El personaje, luego sabemos, por ese aparente imperceptible corte de luz, empieza a tomar conciencia de los distintos universos, de las distintas burbujas temporales, y eso le da la idea de unidad final, que es Dios.

El segundo relato, se llama "Un atroz eco subterráneo"  que de alguna manera, explica el anterior y adiciona cierto cariz surgido al calor de un hecho real que me sucedió. Y tiene un final muy vinculado con los universos paralelos no ya, producto de la física cuántica sino de ser el sueño de una divinidad dormida, los personajes en la trama de un dios.    



A disfrutar.