lunes, 21 de julio de 2014

EL AUTOR INVITADO: BÁRBARA DUHAU


UN PRÓLOGO NONATO
Por Bárbara Duahu (Argentina)

Algunas veces la imaginación se encuentra como a sus anchas, escoge el camino que se le antoja, y entre mil senderos decide que éste o aquél son los más convenientes. Pongamos un ejemplo: una nena recorre la casa de su abuela. Entra a la baulera y mira detenidamente el techo. Se siente observada. Descubre un agujero, vestigio de algún arreglo, quizás. Un olor emana de ahí. El hedor pútrido y la humedad del ambiente convierten a la habitación en una atmósfera inhabitable. Sin embargo, ese cuarto despierta en ella un gran enigma; la intriga de lo que no se conoce, la atracción de lo inescrutable. Sus pequeñas fosas nasales se mueven en dirección a esa abertura cada vez que merodea por el arrumbadero de la casa de su abuela. Un día, entra otra vez en aquel cuarto. Mientras da vueltas sintiendo una presencia tras ella, vislumbra un trozo de tejido con pústulas y uñas renegridas que se asoma por el orificio y trata de asirla por el hombro.
¿Por qué se le ocurre investigar ese espacio? ¿Qué la impulsa a entrar otra vez en ese lugar? Por un lado, es la imagen de un lugar conocido interrumpido por un agujero extraño; y por otro, un supuesto golpe a una calma que produce la fractura de su percepción. Tal vez, simplemente –como afirmaría Flannery O’connor- es lo concreto y el detalle mismo lo que nos lleva a la exasperación y logra volver simbólico un lugar. Es la incertidumbre que requiere su explicación, la sutil satisfacción frente a reconocer de otra forma un lugar que creíamos familiar.
El hecho narrado posee ciertos límites que se omiten, y es ahí cuando la imaginación del lector entra en juego. ¿Es esto posible? ¿Podría un día cualquiera en la casa de mi abuela asomarse una mano inmunda por un agujero e intentar agarrarme? ¿Por qué no? ¿Sería solo parte de mi imaginación? Quizás no. Por eso el suceso narrado, como dice Cortazar, “abre de par en par una realidad mucho más amplia”. Es precisamente lo cotidiano, lo ignorado por su continua presencia, lo que nos proporciona el punto de partida de la reflexión. El efecto de shock es más completo cuanto más cercanas a nosotros son las imágenes que vemos: un cuarto en la casa de la abuela, una habitación de un hotel, la zapatería del barrio, la propia casa, un bar al que vamos todos los jueves, la facultad, la parada del colectivo; lugares que frecuentamos a diario y que un día se vuelven extraños, intrigantes, dignos de explorar o de mirar otra vez, para descubrir lo que nos perdimos de vista.
¿Les ha pasado alguna vez entrar a un lugar y percibir un cambio? ¿Tener la sensación de que hay algo que cambió de lugar pero no pueden nombrar qué? ¿No se sintieron inquietos cuando no pudieron encontrar explicación a ciertos hechos de la vida?
Como bien dice Cortázar, “es hurgando nuestra vida diaria donde podemos encontrar el misterio y reconocer que no todo en el mundo es definitivamente como lo vemos”. Y lo fantástico nos pone en ese lugar de inquietud. Nos abre la posibilidad de encontrar un oso polar en medio de una isla desierta; siempre y cuando aceptemos la existencia física del animal en medio de una maraña de palmeras. Más allá de eso, solo nos queda confiar en nuestros sentidos y seguir leyendo.


© Bárbara Duhau







BÁRBARA DUHAU 

Nació en 1989 y vive en Buenos Aires. Sus cuentos fueron publicados en diversas revistas y antologías. En 2009 publicó el libro de cuentos "Criaturas insensibles" (Ed. Galmort) y en 2013 la novela "Forasteras" (Ed. La Parte Maldita).