martes, 7 de octubre de 2014

OTRA VEZ



OTRA VEZ(*)


Me hizo ver lo que es la Vida, lo que  
significa la Muerte y por qué el amor 
es más fuerte que la muerte.            

                                              Oscar Wilde - El fantasma de Canterville
Comenzó como todas las cosas espeluznantes: sin darnos cuenta. Al principio fue la sensación de algo entrevisto. Las explicaciones se ajustaron a una jugarreta de las gafas, cansancio ocular, engaño sensorial. Después fueron los sonidos, a veces como si alguien rascara los pisos (la culpa fue de los perros); otras, como si alguien estuviera en una habitación. Más tarde llegaron los olores. A botella de vino rota, a cigarrillo. Su tabaco, no había dudas. Pero aún así, lo negamos. Soy médico bien conocido, persona racional. Empecé a preocuparme una noche que vi pasar una sombra y a los pocos minutos sonó el teléfono. El sistema de seguridad avisaba que se había disparado un sensor. Excusé la falsa alarma mencionando el viento en la puerta de calle. Me dijeron que no era ese sensor, sino el de una ventana, ahí donde había visto la manifestación. Asustado y todo, me obligué a negarlo. Lo mismo cuando vino la señora que ayuda en la limpieza, blanca, descompuesta, la mandíbula traqueteando palabras inconexas: “Vi al señor, lo vi”. Soy un intelectual, sólo creo en la ciencia y sus explicaciones pero llamé a un cura. Lo admito, una concesión a Hollywood. Sin embargo, parece que el agua bendita lo embraveció porque ahora todos lo vemos. Contraté a una vidente, otra claudicación. Tampoco resultó. Una embaucadora fingiendo enfrentar una fuerza que la expulsó de la casa. Ni quiso cobrarme. Al huir musitó despavorida: “está furioso con ustedes dos”. Si no le hicimos nada. Nada. Él se lo buscó. Cerdo lujurioso que no fue capaz de respetar el duelo familiar. En pocas semanas presentó una “madrastra” aún más joven que yo. Una modelo con cuerpo de diosa y mente de ajedrecista. Fue imposible no enamorarme. Si siempre odié la sórdida vida de mi padre, su existencia se había convertido en un obstáculo. Encontramos un atajo. La condición cardíaca, el alcohol, el fármaco para la disfunción eréctil y una noche de sexo salvaje fueron suficientes. Me dio asco imaginar su respiración entrecortada, sus carnes fofas, su avidez cebándose en el cuerpo de mi amada. Ya lo matamos una vez en el lecho de mi madre. Habrá que empezar de nuevo.

© Pablo Martínez Burkett, 2014



(*) El presente texto fue publicado en el #137 de la Revista Digital miNatura dedicado a los fenómenos paranormales.



Gracias por visitar El Eclipse de Gyllene Draken. Nos encantaría conocer tu opinión sobre esta entrada. Si te parece, puedes dejar un comentario. Si te ha gustado (o no) o crees que a alguien más le pudiera gustar, te pedimos por favor que lo compartas en las redes sociales. Esperamos que vuelvas