martes, 19 de mayo de 2015

EL AUTOR INVITADO: Lucas Berruezo



PROMESA CUMPLIDA
Sentía las piernas duras, como si algo o alguien las estuviese aplastando y no le permitiera moverlas. La cara le picaba, y cuando quiso rascársela notó que, al igual que sus piernas, sus brazos también estaban inmovilizados. El olor a humedad le daba asco y se metía por su nariz como una nube espesa que se le acumulaba en la garganta y le impedía respirar con normalidad. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué estaba todo oscuro? ¿Dónde estaba?
Lo último que recordaba era la televisión. Estaba viendo El Trece, siempre miraba El Trece. También se acordaba de las últimas palabras de él. «Te la voy a dar, puta. Te prometo que te la voy a dar». Pero él ya no estaba. La había esperado en la puerta de su casa. Sí, se acordaba muy bien porque se asustó muchísimo. Había esperado a que llegara de trabajar. Y cuando llegó le salió al paso y la amenazó con matarla si no volvía. Pero gracias a un vecino que la vio, vino la policía y se lo llevó. Se lo llevó como ya se lo había llevado antes. Y él se había ido, así que esa sensación de opresión que sentía no podía tener nada que ver con él. Era raro, pero seguro que todo tenía una explicación. A lo mejor se había quedado dormida en el sillón. Sí, seguro. Después de entrar y de que la policía se lo llevara, se había tomado media pastillita de Rivotril y dado una ducha caliente. Y por último se había sentado, con la comida que había quedado de ayer, a ver El Trece. Claro, la mezcla de Rivotril y ducha (y la tranquilidad por ver que la policía se lo llevaba) había hecho que se durmiera sin darse cuenta. Y ahora estaría dormida. Por eso no se podía mover. Estaba teniendo uno de esos sueños opresivos, como cuando uno quiere correr pero no puede avanzar. Era cuestión de esperar. Esperar a que el efecto de la pastilla se disipara y se llevara el sueño.
Pero el olor que sentía era raro. Era como… como…
Abrió los ojos, feliz, por fin, de poder despertar.
Entonces le cayó la última palada de tierra, directo sobre la cara.

© Lucas Berruezo


Lucas Berruezo (Buenos Aires, 1982) es Licenciado en Letras (UBA), docente y escritor. Prologó las antologías de cuentos fantásticos y de horror Mundos en tinieblas (Galmort, 2008 y 2009) y participó, junto a escritores como Alberto Laiseca, Luis Mey y Liliana Bodoc, en Haikus Bilardo (Muerde Muertos, 2014) de Fernando Figueras y José María Marcos. Es autor de la novela de terror fantástico Los hombres malos usan sombrero (Muerde Muertos, 2015). Sus cuentos y artículos circulan por la web en distintas revistas, como Insomnia y Axxón. Gestiona El lugar delo fantástico, un espacio dedicado a la literatura y el cine de terror. 

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