lunes, 28 de septiembre de 2015

EL AUTOR INVITADO: Teresa P. Mira de Echeverría


ANDROIDE
Andrew —ella paladeó el sonido en su boca—. ¡Muy conveniente para un androide!
Los ojos absolutamente azules y sin vida de él, la miraron un instante; luego argumentó, mientras se tendía delicadamente en la cama:
—“Androide”. “Andros”. En griego significa “varón” —la voz no era en absoluto lo que ella se había imaginado al enterarse de que se trataba de un modelo tan anticuado. No tenía el típico sonido metálico de los androides de servicio; al contrario, poseía una cualidad aterciopelada—. Pero puedo adoptar la apariencia que sea necesaria, tanto fisonómica como genital.
Ella negó enfáticamente con la cabeza, mientras replicaba:
—¡No, no, por mí así está perfecto!
El cuerpo de Andrew, que resemblaba vagamente a un humano XY, no tenía ningún tipo de ropas ni las necesitaba. Su modelo era tan vetusto que no había posibilidad de confundirlo con un humano verdadero o con uno de esos gendroides de carne y hueso que llevaban tatuados visiblemente su condición de producto manufacturado.
La tosca estructura de Andrew estaba conformada por un modelo a todas vistas mecánico, con un rostro tan ambiguamente varonil como el de un maniquí: brazos y piernas azul cobalto, juntas blancas, el pecho y los costados de cristal brillando con una luminosidad sutil y ambarina.
Terminó de tenderse en el camastro viejo y desvencijado que crujió bajo su peso, y apoyó su espalda sobre el estómago de la joven mujer, quien se hallaba recostada contra la pared. Luego colocó melosa y expertamente su nuca sobre uno de los cálidos pechos de ella.
—¿Y cómo debo llamarte? —preguntó con dulzura su voz de barítono.
Ella puso una mano sobre el hombro de él y la otra encima del cristal de su brillante pecho. Al instante, el androide tomó esa mano en la suya y comenzó a acariciarle los dedos.
—Linda —susurró la muchacha mientras dejaba descansar su mentón sobre la crisma metálica del androide—, puedes llamarme Linda.
Andrew alzó la cabeza y sus ojos sin iris ni pupila la miraron desde abajo: los cabellos rubios le caían lacios y con calculada negligencia sobre los hombros. La boca era frondosa, tal vez un tanto exagerada por algún retoque quirúrgico, pero innegablemente incitante. Los ojos grises eran, evidentemente, lentes de contacto (podía ver el color verde que disimulaban). Él sabía que el gris estaba de moda entre los humanos en esta temporada. O, tal vez, ella no deseaba ser reconocida por los escáneres de identidad… Bueno, eso no importaba.
Mientras tanto Linda miró a su alrededor. La habitación era realmente sórdida. Nada de lo que ella hubiera deseado jamás. Pero lo importante ahora era otra cosa, ¿no?; desde luego no aquel desvencijado papel tapiz color bronce, ni el vaso de agua sobre la mesita, con las flores secas, ni siquiera las ofensivas monedas del último cambio atrozmente amontonadas a un costado de esa cama que compartirían las próxima dos horas, y que era más bien un catre.
Por un momento la chica dudó. Y esa duda se convirtió en una leve vacilación física. Fue un movimiento tan imperceptible que sólo una máquina lo hubiese notado. Y él lo hizo:
—¡No, espera! Tranquila. ¡Verás que te gustará! No haremos nada que tú no quieras. Te lo prometo —entonces Andrew rodó sobre sí mismo y, lentamente, empezó a quitarle la camiseta. Aquellos pequeños pezones mostraban que algo en él sí estaba despertando su deseo— ¿Entiendes… linda? —agregó en un tono más bajo. Y esta vez el nombre era el adjetivo.
Ella sonrió y asintió con fingida timidez, dejándose abrazar por esos apéndices metálicos color cobalto. Sabía que a los androides le gustaba esa actitud en ella; que aumentaba la ilusión que venían a buscar en su cama. La ilusión de ser humanos de verdad y de sentir realmente algo cuando la contrataban para tener sexo… O, como ellos insistían en llamarlo: “para hacer el amor”.
©Teresa P. Mira de Echeverría


(Argentina, 1971). Doctora en Filosofía, trabaja como docente universitaria e investiga acerca de la relación entre ciencia ficción, filosofía y mitología.
Es una de los fundadores del taller literario “Los clanes de luna Dickeana”. Sus cuentos han aparecido en las revistas Próxima, Axxón, NM, Opera galáctica, Valinor, Ficción Científica y SuperSonic entre otras publicaciones. También ha publicado artículos y ensayos en diversos medios especializados como Signos Universitarios, El hilo de Ariadna, NM y Cuasar. Con "La trama del vacío" (aparecida en las revistas NM y Cuasar) obtuvo el 2do. accésit en la categoría Ensayo del III Premio Internacional de las Editoriales Electrónicas. Su cuento “Memoria” (candidato al Premio Ignotus 2013), integra la celebrada antología internacional Terra Nova publicada en España y Argentina, tanto en la versión castellana, como en la inglesa. El cuento "Dextrógiro" fue traducido al francés dentro del proyecto que integran traductores de diversas universidades francesas, encabezados por profesores de la universidad de Poitiers, Francia; y apareció en la antología: Lectures d'Argentine —auteurs argentins du XXIe siècle—. Su cuento "La tenue lluvia sobre los arces", integra la antología erótica de fantasía y ciencia ficción Psychopomp II: Bunny Love. El cuento "Vidrio líquido" forma parte de la antología Tiempos Oscuros II —una visión del fantástico internacional—, dedicada a escritores argentinos. Su cuento "Purgatorio-42" aparece en la antología Erídano, Suplemento Número 24 de Alfa Eridani. Además, "N. Bs. As.", escrito en colaboración con su esposo, el escritor Guillermo Echeverría, forma parte de la celebrada antología Buenos Aires Próxima. El cuento "La Terpsícore" resultó ganador de la convocatoria Alucinadas (una antología de relatos de ciencia ficción en español escritos por mujeres) e integra dicha obra junto con otras prestigiosas escritoras y editoras. Su cuento "Máquina de mi alma" integra la Antología Steampunk. Relatos del retrofuturo, donde participan los escritores del Taller "Los Clanes de la Luna Dickeana". Su novelette Memory, traducida por el escritor y traductor Lawrence Schimel, fue publicada en USA, por la editorial Upper Rubber Boot Books.

Acaba de salir publicada su primera antología de sus cuentos: Diez variaciones sobre el amor (ed. Ayarmanot), de temática estrictamente de ciencia ficción, abordando la perspectiva de las relaciones humanas y algunas visiones queer. Y que tiene el plus de estar ilustrada por los grabados de una notable artista argentina, Inés Saubidet, y prologada por la escritora y editora Cristina Jurado. La edición estuvo al cuidado de Laura Ponce.

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