lunes, 2 de noviembre de 2015

EL AUTOR INVITADO: Luciano Doti



ABDUCIDO
Román estaba confundido. No sabía lo que sucedía, lo que venía sucediendo desde hacía un tiempo atrás. Era una luz brillante, como uno de esos spots que se usan para iluminar a los artistas sobre un escenario. Tras esa luz, se encontraba en un ambiente de estética futurista, rodeado por una aparatología intimidante, y observado por un grupo de humanoides grises, cual enanos macro-encefálicos con ojos de mosquitos hiper-desarrollados.
Ellos lo cortaban a su gusto y placer, parecían poseer un dejo de sadismo. Él podía sentir el dolor, asistía inmóvil a su propia ablación sujeto a la camilla quirúrgica en la que se hallaba. Lo investigaban como si se tratara de una rata de laboratorio. Discutían entre ellos sobre su funcionamiento orgánico y sus reacciones espasmódicas que, en forma de actos reflejos, se manifestaban ante cada acción exploratoria. Quería escapar, ¡claro que quería! Con todas sus fuerzas intentaba levantarse de esa cama de tortura. Pero no podía, ninguna de sus extremidades respondía a su voluntad.
Oía el zumbido del torno y se recordaba a sí mismo cuando niño en las sesiones odontológicas, por alguna caries que lo tuviera a mal traer; obvio que para que la comparación fuese más cabal debía agregar una sierra eléctrica, instrumental para cirugía torácica y multiplicar el dolor por diez. Después, volvía a ver la luz. Aunque exhausto, la contemplaba con alivio; ya que había aprendido, luego de varias abducciones, que ese fenómeno lumínico anunciaba el final; que tras esa luz despertaba en su cama, bañado en sudor, tembloroso y dolorido, pero sin cicatrices. Entonces venía lo más difícil: dilucidar si el incidente había sido real, si era uno de esos humanos que podían narrar en primera persona un encuentro cercano con criaturas del espacio, o sólo un hombre perturbado con pesadillas escalofriantes; dado que la inmovilidad de los miembros, además de ser denunciada por las supuestas víctimas de abducciones, es también una de las características de la etapa más profunda de los sueños.
Por lo general, las mañanas posteriores a sus abducciones solía faltar al trabajo. Luego se veía obligado a inventar alguna excusa para justificar su ausencia. Pero eso era necesario, no podía ser de otra manera, debido a que si bien sus secuestros estelares duraban apenas unos pocos minutos en la Tierra, el tiempo transcurrido en el espacio exterior era mayor, como para medirlo en horas. De allí que quedara agotado, y sin ánimo de emprender una jornada laboral. Por otra parte, su natural estado de paranoia crecía considerablemente, y no se hallaba en condiciones de entablar relaciones normales con el resto de la gente.
Estaba seguro de tener un chip en alguna parte de su cuerpo, conectado a su sistema nervioso central; una suerte de transmisor que mantenía informado a los humanoides grises de sus actividades terrestres. Pero en qué se basaban ellos para decidir el momento de sus raptos era un misterio aún vedado para Román. De saberlo, intentaría controlar sus propios patrones de conducta para evitar realizar aquellas acciones que llamaban la atención de los captores, eludiendo de esa manera el rapto. Aunque también existía la posibilidad de que las abducciones se decidieran por causas ajenas a él, esto es obedeciendo a las necesidades de conocimiento de la comunidad científica alienígena; en caso de que el motivo de los secuestros fuese estudiar el funcionamiento y estado evolutivo del cuerpo humano, y no iniciar una colonización de nuestro planeta.
Los testimonios sobre alienígenas infiltrados en los estamentos más influyentes de la humanidad eran numerosos, aunque todos de dudosa veracidad. La mayoría de esos relatos hablaban de mestizos, híbridos de humanoides grises y hembras humanas. Al parecer, algunas de las mujeres abducidas, seleccionadas especialmente entre las más sanas, eran fecundadas con embriones creados en probeta, de manera que los bebés conservaran la apariencia humana pero tuvieran la inteligencia alienígena.
Eso abonaba la teoría de la colonización. Cuando leía esas historias, Román solía recordar que nunca había conocido a su verdadero padre.
También existían otros relatos, que hablaban de una nave comandada por seres de luz que sobrevolaban la tierra dispuestos a salvar a unos pocos privilegiados durante el Apocalipsis, el cual se anunciaría con una seguidilla de catástrofes naturales tales como terremotos, maremotos, actividad volcánica...
Muchas de esas cosas venían sucediendo con mayor frecuencia últimamente, en el mismo período en que él había comenzado a ser perseguido por esa luz. ¿Sería señal de que el fin estaba cerca? Sólo sabía lo que veía a través de la ventana: gente con barbijos, y esas cenizas volcánicas que ahora empezaban a cubrir toda la ciudad.
© Luciano Doti




Luciano Doti (Buenos Aires, 1977). Autor de obras narrativas y poemas. Desde 2003 publica en antologías colectivas de sellos editores como De los Cuatro Vientos, Dunken, Ediciones Irreverentes, Desde la Gente, Pasión de Escritores, Latin Heritage Foundation, Diversidad Literaria, Mis Escritos; y también en revistas y blogs, entre los que se destacan LiterArte (declarada de interés cultural por la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina), NM, miNatura, Tiempos Oscuros, Entropía, Gaceta Virtual, Qu, Insomnia, Noticias Día x Día y Heliconia. En 2015 comenzó a seleccionar microficciones que se publican en el Diario NCO, de La Matanza.
Ha obtenido los premios Kapasulino a la Inspiración 2009 (otorgado por el taller literario “Los Kapasulinos”), Sexto Continente de Relato 2011 (por “Sexto Continente” -audición de Radio Exterior de España-), Microrrelato de Miedo 2013 (por un grupo de estudiantes de la Universidad de Navarra) y 2° Premio de Microcuento 2014 (por Ed. Mis Escritos). Ha sido finalista en otros y destacado como “Autor del Mes” por Xinxii – agosto 2012.
Algunos de sus textos fueron leídos en audiciones, entre ellas “La Vuelta de Zloto” de Radio Del Plata, y ha participado en presentaciones en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, y en los centros culturales del Teatro General San Martín y de la Cooperación, en la misma ciudad.
  


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