miércoles, 26 de febrero de 2014

EL RETORNO DE LA CRISÁLIDA (XVIII): Los Hijos del Sol Negro




No me juzgues cruel: me limito a obedecer una ley ineludible que constituye mi fuerza y mi debilidad.
Sheridan Le Fanu



Muchos se han olvidado el idioma materno, otros lo ignoran deliberadamente. A Madre le daba mucho fastidio que se pierdan las costumbres. Las tradiciones deben ser observadas, que para eso son tradiciones. La noticia era que iban a convocar a The Council. ¡The Council! La denominación de la reunión de los 12 clanes siempre fue el Consiliul. ¡Despreciar la eufónica resonancia del rumano! En el Consiliul se trazaban las grandes directivas para la Hermandad de la Noche. Durante una acumulación de siglos que sumaban varios milenios, fue un ámbito sólo reservado al pater familiae de cada clan originario. El Consiliul era regido por el Tatăl, el padre de las Criaturas de la Oscuridad. Madre fue la primera mujer en ser admitida. Y fue la primera en ser llamada Madre. Sonrió con malicia. Ella había roto una tradición milenaria. Volvió a sonreír. Porque pensaba seguir así por mucho, mucho tiempo, aunque tuviera que aceptar algunos cambios o reducir a los sediciosos.

Como sucedió cuando fue preciso mudar el nombre colectivo. Desde la eternidad, los vampiros se llamaban a sí mismos los Copii de Soarele Negru, los Hijos del Sol Negro. Luego llegaron los nazis y se apropiaron de la simbología esotérica. No fue conveniente adicionar un nuevo estigma y se eliminó para siempre toda referencia a la antigua denominación. No fue de lo único que hubo que resignar a esos bastardos. Madre promete contarme la historia pero nunca llega la oportunidad.

Pero volvamos a nuestros días. 

Una agria efervescencia agitaba a los vampiros. La potencial alianza entre la mafia china y la División Roja de Scotland Yard era más que un rumor. Se hablaba de reuniones secretas entre el DCI Brian Nakasawa y el codicioso Huan Yu Wushi, el jefe de las Triadas. Se enunciaban acuerdos de exterminio. Los indicios eran alarmantes. Se decía que los fusiles de haces ultravioleta habían sido desarrollados por científicos chinos. Era una mezcla impensable pero todo se orientaba a presumir que la ley y el hampa se habían unido y tramaban un asalto mortal.

Madre estaba inquieta. Voy aprendiendo a conocerla. Sabe que la convocatoria del Consiliul es un atajo para disputar su liderazgo. No es el primer intento. Pero en este caso existen algunos elementos que justifican el conato de resistencia. La juventud de Luana o en todo caso, las consecuencias de ciertos actos de Luana es la principal causa de la molestia subterránea. Lo grave es que tienen razón. No es que las orgías y el sangriento libertinaje de la pequeña Ikito les resultara algo tolerable, pero como ha quedado muy afectada por la vaporización de sus camaradas de fechorías, todas las críticas son para Luana.

Si bien son muchos los reproches, los clanes coinciden en sus quejas: la conversión de la hija del DCI Nakasawa fue un capricho irresponsable que puede significar el aniquilamiento. Y el ataque al Servicio de Hematología Clínica del University College London Hospital una afrenta al sigilo esencial de los vampiros. Madre sabía que el descontento era justificado. De la furia, ella misma le hubiera arrancado la cabeza. Poco faltó. Sin embargo, algo todavía impreciso, le indicaba que luego del holocausto climático nada podía ser igual. Que los vampiros puedan aventurarse en la vigilia es sólo lo más evidente. La modificación del medioambiente, la mutación de las conductas y sobre todo, el vértigo de los cambios exigen extremar las capacidades de adaptación. Y quiere creer que Luana ha anticipado las necesidades de la era.

De cualquier forma, los muy cobardes se ensañan con Luana porque no se animan a una conjura directa. El ansia de poder los pierde. Son tan previsibles. Tan básicos. A veces se pregunta qué sería de la progenie del vampiro si no hubiera estado al timón. Y no es un ejercicio de fatua vanidad. Cuando exhiben semejante indocilidad quisiera dejarlos al arbitrio del hombre. O de sí mismos. No sabe cual camino sería más efectivo.

Pero es Madre y debe velar por los suyos. El Concilio se reunirá, pero cuando todo se haya pacificado. Ya dio las órdenes para encausar los reclamos. Milena, su cancerbero más fiel, vigila los pasos de Ikito. Sabe que la pequeña está tramando algo y quiere ser la primera en enterarse, antes de matarla. Es un placer que se reserva para sí. También mandó seguir a John Gillan, el humano que sin querer enamoró a Luana. No descarta tener que matarlo. Es probable que ese arrebato no consumado esté nublando el buen tino de la más dilecta de sus hijas.

Espera que sea capaz de aprender de sus errores y enmendarse. Entonces estará lista para sucederla en el gobierno de los Hijos del Sol Negro. Si no, será tiempo de remediar la equivocación.



© Pablo Martínez Burkett, 2014


Este es el décimo octavo capítulo de la saga "EL RETORNO DE LA CRISÁLIDA", que abre con el cuento del mismo nombre y que prosigue con (2) "Los ojos de Luana"; (3) “Tiempos mejores”; (4) “Frutos de la tierra nueva”; (5) "Fotos"; (6) "Venator"; (7) "Tu madre te ha dicho que no"; (8) "La otra plaga"; (9) "El inesperado John Gillan"; (10) "El color de la nieve"; (11) "Presagios de tempestad"; (12) "La perla de la noche"; (13) "Las llagas del Efecto Caldero"; (14) "Fait divers"; (15) "El sabor del futuro"; (16) "Un souvenir del infierno"; (17) "Primera sangre en Barrio Chino"; (18) "Los Hijos del Sol Negro"; (19) "La sombra de Madre"; (20) "La ordalía de John Gillan"; (21) “El día de la insensatez”; (22) "La estrella de la venganza"; (23) "El pérfido Doctor Wong"; (24) "El camino de la ira"; (25) "El dulce sabor de la sangre"; (26) "El destino de una mirada"; (27) "Gambito"; (28) "El llanto de Milena"; (29) "Un sordo clarín llamando a batalla"; (30) "Carte blanche" ; (31) "Sombra y fuego"; (32) "Una visita de cortesía"; (33) "Sobre el trono del dragón"; (34) "Un golpe de efecto"; (35) "Escarmiento"; (36) "El último concilio", (37) "Fiesta"; (38) "No es más que sangre" y (39) "El talismán".