miércoles, 2 de abril de 2014

EL ATAMAN DE LOS GITANOS


Să mă ierţi sfinţia-ta
Eu n-am venit aici dă voia mea![1]
Ion Budai-Deleanu
Ţiganiada sau Tabăra ţiganilor
Sin ahorro de látigo, los eslovacos llegaron en dos diligencias. Desde una de las ventanas en lo alto alguien les empezó a gritar con desesperación. Es el mismo huésped que otras veces ha intentado comunicarse con nosotros. El gaydé ya ha demostrado que está loco: una vez arrojó unas cartas, envueltas en un pañuelo con una moneda de oro. Entonces, le di los papeles al Amo y me quedé con la moneda. Como ahora seguía gritando, salí a mirar. Todos se volvieron hacia mí, señalándolo. Les dije que el pajarito estaba listo para convertirse en águila, cortesía del dulce horror de la Noche. Se rieron por la ocurrencia. Los eslovacos empezaron a bajar unas cajas vacías en el patio del Castillo. Gente estrafalaria estos eslovacos. Silenciosos, se afanaban en alinear los ataúdes junto a la escalera. Completada la faena, les pagué lo convenido. Escupieron sobre el dinero para atraer la suerte. Suerte fue la que tuvimos cuando como atamán de los gitanos decidí adscribirme al servicio del Amo. Desde entonces nos hemos establecido en esta comarca transilvana y nada nos ha faltado. En ocasiones, me ha tocado legitimar verdaderos prodigios. Sí, yo vi con mis propios ojos que el Amo, desde una de las almenas, levantó una mano e invocó a las fuerzas de la Oscuridad. Como un coro del Averno, le respondieron unos aullidos. Pronto llegó la manada. El Amo ejecutó otro gesto y los lobos se almorzaron con feroz codicia a una pobre mujer que había perdido el juicio reclamando la devolución de su hijito. Fue mejor así. El Amo me había ordenado secuestrar un infante para alimentar a las tres mujeres fantasmales con las que mantiene comercio carnal. Pero me estoy distrayendo. Pronto estaremos en viaje. Ya todo está dispuesto. Me toca disponer del féretro del Amo. Nunca lo había visto así, tan cerca. Exhibe una novedosa juventud, el cabello vigorosamente oscurecido y la piel rozagante. Tiene la boca más roja que lo usual y parece sonreír. Unas gotas de sangre fresca se le escurren por la comisura hasta la barbilla y el cuello. Diríase que duerme con la felicidad de una serpiente saciada en su apetito bestial. Termino de clavar la tapa y la aseguro con unas sogas. El Conde está a salvo. Londres allá vamos.
© Pablo Martínez Burkett, 2010




El presente relato ha sido publicado en el #133 de la Revista Digital miNatura dedicado a los vampiros.





[1] "Perdonadme, Vuestra Merced / No he venido aquí por mi voluntad". Ion Budai-Deleanu - La Gitanada o El campamento de los gitanos.