lunes, 4 de agosto de 2014

EL AUTOR INVITADO: JUAN GUINOT




Es 16 de diciembre de 1928 nacen mellizos: nene y nena. Salen al mundo un mes y medio antes de lo esperado, y no del todo preparados para soportar el ataque de la nueva vida. A las semanas de nacer, la nena muere, justo el día en que debería haber nacido. Entierran el cuerpito y en la lápida escriben su nombre, pero, sobre el mámol, dejan en blanco el lugar para imprimir las letras del nombre de su hermanito, cuando le toque el turno de partir.

El nene crece con el fantasma de su hermana. Los padres lo pescan en la habitación hablando a la nada, pero como si lo hiciera con la melliza. Se quedan en silencio. Escuchan que él le dice a su hermanita que van a ir al cine y, de pronto, se calla porque descubre a sus padres en el pasillo. Ellos siguen camino, miran hacia delante. Nadie se le anima a la mirada del niño porque es tan profunda que, al enfocarte a los ojos, en realidad, te está diseccionando el alma. 

Ya mayor, se muda de casa, cursa estudios, se gradúa y sale a vender discos. También escribe. La ciencia ficción es su territorio, por allí camina, crece, interpreta a este y a todos los mundos que él intenta conocer.

Logra que le publiquen un cuento y arranca un desenfrenado proceso de creación literaria.

Se hace conocido él y, sobre todo, su pensamiento político. Lo persigue la CIA. Le abre correspondencia, le escucha las llamadas y le pone un tipo en la puerta de la casa: un hombre alto, de pelo engominado, traje oscuro, anteojos de sol, zapatos tamaño canoa, negros y brillantes. El inspector se aburre de esperar algo subversivo de un posible comunista al que solo ve, a través de la ventana, sentado, de frente a su máquina de escribir. Una tarde, invita a pasar a su casa al inspector, le sirve un té, conversa de cosas de este y otros mundos, y termina dándole clases de manejo de auto.

La buena relación con el enviado del Gobierno no calma su cabeza. Ve persecutores y espías por todos lados. Al posar su oído en el teléfono, escucha murmullos. En la tele, las interferencias se le revelan en formas casi humanas que quieren imponerle pensamientos. 

Está convencido de algo: su cabeza es el terreno que las Corporaciones y el Gobierno quieren colonizar y debe defenderlo con la vida. Se encierra, bloquea ventanas, hace salidas nocturnas, evita los encuentros públicos. 

En el camino de la adultez van pasando las esposas, ya tiene hijos y le escasean los amigos. Casi nadie tolera oír sus revelaciones.

El mellizo, ya adulto, ahora escucha voces que le descubren misterios de la existencia y le presentan un mundo místico. Una tarde, de la nada, empieza a hablar en una lengua antiquísimas que ni él conocía. Dice que alguien del pasado lo viene a ver y estaba hablando con la conciencia de ese ser.

Entiende que por sus conocimientos se le meten en la cabeza las Coporaciones y el Gobierno, quieren borrar la nuevas verdades y colonizar su mente para anularlo. Y él les planta batalla gatillando teclas. Dentro de la casa, el continuo tableteo de los golpes de los tipos en el papel da cuenta del grado de fuego del combate.

No puede parar de escribir. Lo hace para vivir, porque su corazón late en cada una de las palabras y porque la paga mísera de los editores por sus cuentos y novelas ayuda para arrimar algo de comida al plato. Los editores que lo publican lo presionan, quieren de él una producción acorde al modelo Fordista que ha hecho del país una Potencia: mucho y barato.

Él resiste, no pueden captarlo.

Pero la lucha deja huellas, hiende el alma, orada la piel, desangra por las heridas. Y, cuando ya no tiene fuerzas, le dan premios, los colegas le rinden homenajes, pero,para él ya es tarde. Tan tarde, como que no llega a ver su primera novela llevada al cine que el director Ridley Scott tituló Blade Runner.

Año ochenta y dos, fin del invierno, el mellizo, ya adulto, muere.

Su propio padre lo entierra, allá, en el cementerio donde la lápida tiene el nombre de la hermana y ahora, también, lleva impreso el de él: Philip K. Dick.

Philp K Dick nació el 16 de diciembre de 1928.

© Juan Guinot




JUAN GUINOT

Nací en Mercedes tres meses y once días antes que el hombre pise la luna. Fuí columnista de diario, guionista y locutor. Me Licencié en Administración, Psicólogo Social, Master en Dirección de Empresas y Clown. Trabajé cinco años en el Estado para recaudar dinero y luego lo hice en una empresa para que la gente lo gaste en golosinas. Soy profesor de posgrado de marketing y creatividad. Asistí al taller de Alberto Laiseca. Mi novela 2022 La Guerra del Gallo (Talentura, España) fue finalista del premio Celsius Semana Negra de Gijón 2012. La adapté a teatro y se representa en BA. En 2014 se publicó mi novela Misión Kenobi (Expo-Argetnina). Colaboro en radio y periódicos. Recibí distinciones literarias en Argentina, España y Cuba. Relatos de mi autoría se publicaron en libros y revistas de España, Argentina, Brasil, Francia, Bolivia y Cuba. Espero por un mundo más sanito, que se deje crecer a cada uno según sus motivaciones, que se me aparezca un ovni o un alienígena. Contacto: juanguinot@yahoo.com


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