lunes, 23 de febrero de 2015

EL AUTOR INVITADO: Estefanía Farías


                                                 ENMIENDAS


El sol estaba muy alto, refulgía con una crueldad insospechada para aquella época del año. Yo tenía que mantener la cabeza baja para evitar quemarme los párpados. El motel parecía desierto. Paredes muy blancas cuyo brillo me cegaba, probablemente recién pintadas, con grietas profundas que no respetaban tal pulcritud hospitalaria. La piscina se había desbordado y las baldosas de terrazo rojizo, bajo aquel manto de agua clara, le daban aspecto de una plaga bíblica. Avancé despacio bordeando la piscina, buscando una puerta abierta. La de la número 11 sólo estaba entornada. Un empujón suave me permitió internarme en la habitación. Un intenso olor a sudor químico me invadía las fosas nasales. La moqueta verde estaba cubierta de manchas y quemaduras, las cortinas oscuras, cerradas y todo en penumbra; al fondo había un camastro, y tumbado en él, un anciano decrépito y famélico. Su estructura ósea había perdido la estabilidad original, músculos contraídos en exceso, una deshidratación acusada debida a largos estadios de reposo, sin atención alguna. Un espectro corpóreo y mudo. Me acerqué y me senté a su lado, al borde de la cama. Estaba dormido y su pecho apenas se movía. Rodeé con mis manos su cuello reseco, rugoso y cuarteado. Cuando lo empecé a apretar abrió los ojos. Yo le observaba mientras mis manos lo ceñían, lo atenazaban. Ni siquiera se agitó, ni se quejó, sólo siguió mirándome hasta que sus ojos se quedaron vacíos. Entonces lo solté, cayó sobre el fino colchón sin hacer ruido. Me levanté, salí de allí y continué avanzando por la hilera de habitaciones, entrando en unas, esquivando otras. El agua tibia me mojaba las piernas. El silencio era acogedor. Nadie interrumpió mi recorrido. No sé cuánto tiempo duró. Sólo que al abandonar el motel y ver aquel gigantesco letrero con luces de neón: ENMIENDAS, no pude menos que sonreír recordando al gerente, un ex-sacerdote nostálgico de otros tiempos, que había colgado en la puerta un cartel ofreciendo con el servicio el sacramento de la confesión y la extremaunción.


ESTEFANIA MARTINEZ FARIAS 



Nacida en 1970 en Cartagena, España. Doctora en Filología Árabe por la Universidad de Granada. Animales en las fuentes árabes y referencias en fuentes griegas. Tesis doctoral. Granada: Universidad de Granada, 2008. ISBN: 9788469143698.  Publiqué un par de artículos en revistas especializadas al terminar la tesis: - “El ‘anqa’ en el Qisas de al-Thalabi”, Oriente Moderno. Nuova serie, anno LXXXIX, 2 (2009), pp. 305-317 y -“El gallo, figura trascendental en las Qisas al-anbiya’ ”, MEAH, Sección Arabe-Islam, 58 (2009), pp.77-92.

Me vine a vivir a Holanda y hace un año descubrí el placer de escribir mis propios textos. Publiqué un microrelato, ¨Lo que hace un nombre¨ en el primer número de la revista digital Los omniscientes (julio 2014), un relato breve ¨Yolanda¨ en Revista Contra Estudio y otro relato ¨Un acuerdo sin palabras¨ en Periódico Irreverentes. Y paso día y noche enfrascada en contar mis historias en mi blog al que le puse un título acorde con los contenidos: Exorcizando la antimemoria de mis días oscuros. Por eso de que fantasía y realidad a veces son solo un juego de palabras. 




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